Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 560

El semblante de Erika se ensombreció de inmediato. Zafándose con fuerza del agarre de Cristina, replicó con voz cortante:

—Para hablar pestes de los demás no hay quien te gane. Nadie sabe mejor que tú qué clase de calaña es tu marido. Si yo estuviera en tus zapatos, en lugar de estar echándole la culpa a otras mujeres de que él esté en la miseria, ¡me encargaría de hundirlo yo misma!

A pesar del tono incisivo de sus palabras, Cristina se quedó paralizada, con la mirada clavada en el cuello de Erika. No hizo ni el más mínimo intento por defenderse; por el contrario, un brillo extraño iluminó sus ojos, como si acabara de encontrar un tesoro escondido.

Desconcertada, Erika siguió su mirada y bajó la vista hacia su escote. De su cuello colgaba aquel viejo dije de su collar.

Volvió a mirar a Cristina, comprobando que, efectivamente, no le quitaba los ojos de encima al dije.

Erika frunció el ceño. De repente recordó que, tras un altercado en la escuela de los niños, se había enterado de que Cristina y Penélope Milán se conocían.

Penélope le había mencionado una vez que ella llevaba ese collar desde que era una niña, y por la reacción de Cristina, era evidente que lo reconocía.

Pero ¿cómo podía ser posible? Lorena Jiménez tenía un collar idéntico... ¿Acaso Cristina también conocía a Lorena?

Mientras todos estos pensamientos se atropellaban en su cabeza, Cristina entrecerró los ojos y le preguntó:

—Tú eres Erika, ¿verdad? ¿La hija de Joaquín y Penélope Milán?

Erika, fingiendo que no tenía ni la menor idea de quién era, le siguió el juego:

—¿Tú los conoces?

Cristina soltó una risita cargada de desprecio.

Erika recalcó sus últimas palabras a propósito, asegurándose de dejar muy en claro su aborrecimiento hacia la familia Milán y pintándose a sí misma como alguien que no sentía ni una gota de remordimiento.

Si Cristina odiaba a los Milán, ella se encargaría de demostrarle que ambas compartían ese mismo odio.

Al notar que Cristina entrecerraba los ojos, como si su mente estuviera maquinando un nuevo plan, Erika aprovechó la ventaja y asestó el golpe final:

—Señora Falcón... o mejor dicho, Cristina; no me da vergüenza decírtelo. Para ellos, yo nunca fui más que algo que recogieron de la basura. Toda mi vida me trataron peor que a un perro callejero. Dime tú, ¿si hubieras vivido algo así, moverías un dedo por ellos?

Sin darle tiempo a reaccionar, Erika añadió rápidamente:

—A simple vista se nota que no pegaste un ojo en toda la noche y no estás de buen humor, así que te dejo en paz. Ya me daré una vuelta por aquí el día que encierren a tu marido.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón