—¿Casarte? —Marco la miró como si fuera una mentira ofensiva—. Hace días estabas pegada a mí y ahora dices que te casas.
—Sania, ¿de verdad crees que te voy a creer esa excusa para darme celos?
Marco sabía cuánto lo quería.
Si no, ¿cómo iba a aguantar tres años de relación escondida?
Sania soltó una sonrisa fría.
—¿No me crees?
—¿Quieres que te enseñe el acta?
En los ojos de Marco se movió algo oscuro, pero lo cortó una voz clara desde afuera.
—¡Marco! ¡Te traje postre para que lo pruebes!
Noa vio a Sania, se quedó un segundo en blanco y luego sonrió dulce.
—Sania, tú también estás aquí.
—¿Estabas hablando con Marco?
Sania soltó una risa sin humor.
—No. Hablen ustedes. Ya terminamos.
—Señor Casas, me retiro.
Marco apretó los labios. Su cara era difícil de leer. Quiso decir algo, pero con Noa ahí no podía.
No quería que nadie supiera lo suyo con Sania.
Noa la detuvo.
—Sania, mamá dice que hace mucho no vas a la casa. ¿Por qué no vienes hoy a cenar? Mamá y Luis te extrañan.
Luego miró a Marco con pena fingida.
—Marco, mi papá dice que vayas hoy para hablar de nuestra boda.
—¿Tienes tiempo?
La voz de Marco, baja y agradable, traía una sonrisa.
—Noa, si me invitas tú, siempre tengo tiempo.
Después, como si fuera sin querer, miró el cuello blanco de Sania.
Sania sintió que se le subía la acidez a la garganta.
—A las reuniones de la familia García no voy.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado