—También deberías dejarlo claro con Lucía, para que no se haga ideas.
—Ella es empleada de mi papá —soltó Evaldo, de pronto, con tono frío—. Si quieres, ve y díselo tú.
Sania se quedó callada.
Ni debía estar perdiendo el tiempo discutiendo con él.
Ese día, Roque le había pedido a Evaldo que llevara a Sania a cenar a la casa.
Sania bajó del carro y, apenas vio la sala, se encontró con el famoso hermano mayor de Evaldo: Roque.
Se veía educado, fino. Sus facciones eran más marcadas que las de Evaldo.
Llevaba unos lentes plateados, y se veía todavía más frío, con esa presión de alguien que manda.
Con razón Iván le tenía miedo a su papá.
—Roque, mucho gusto —saludó Sania, bien portadita.
Roque asintió.
—Ayer me contó Evaldo. Gracias.
Luego miró a su hijo.
—Iván, la próxima no molestes a Sani con estas cosas, ¿sí?
Iván hizo un puchero.
—¡Pero tú no estabas!
Roque respondió sin cambiar el tono.
—Tienes el número de mi secretaria.
—¡Ya! —Sandro interrumpió, cortante, regañando a su hijo—. Tú, como papá, todo se lo dejas a la secretaria.
—¡Mejor saca tiempo para Iván! —Sandro resopló—. ¡Si no, búscale una mamá!
Iván asintió con ganas, pero cuando vio la cara seria de su papá, se le borró la sonrisa.
Sania se dio cuenta de algo: Evaldo, comparado con Roque, parecía mucho más fácil de tratar.
Roque era correcto hasta el extremo, serio, sin una pizca de humor. ¿Qué clase de esposa le quedaría?
Evaldo la miró con cara de “te estoy viendo”. Sania bajó la cabeza y se puso a comer rápido.
Roque observó esa interacción entre su hermano y su cuñada, con la mirada profunda.
Después de cenar, Iván jaló a Sania al jardín para jugar.
Roque y Evaldo se quedaron en el estudio.
—¿Ya te importa de verdad? —preguntó Roque.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado