Al día siguiente Julián llamó a Sania a su oficina.
—Anoche te dije que fueras a entregar algo. ¿Dónde estabas?
Sania se encogió de hombros.
—Tuve una urgencia y fui al hospital. Mandé al subdirector Guillermo. Incluso le pedí que no revisara el contenido. ¿Qué pasó? ¿Hubo problema?
A Julián le dolía la cabeza.
En la mañana recibió la demanda de Marco. Iba contra el hotel.
—Mira… tú eres la mayor accionista. Ve tú a negociar con él.
—Si esto se hace grande, la imagen del hotel queda por los suelos. Van a decir que la seguridad es un chiste.
Sania sonrió.
—Julián, tú administras el hotel. ¿No puedes manejar una crisis así?
—Si no, contratamos a un gerente externo para que te supervise.
Julián se tragó el coraje. No podía decir nada. Solo aguantó.
Al final, Luminosa sacó un comunicado de disculpa y Julián citó a Marco para hablar.
Marco, por supuesto, aceptó. Tenía que ver a Sania.
Cuando Sania volvió a su oficina, Guillermo la miró con resentimiento. Él ya sabía que lo de anoche olía mal. No imaginó que fuera un hoyo tan grande.
El ambiente en Recursos Humanos estaba tenso, pero Sania, sin prisa, buscó por internet un cojín lumbar para su abuela.
Entonces le llegó una noticia al celular:
Marco y Noa se iban a casar.
Sania cerró la ventana sin interés.
Ella ya estaba casada.
Marco se casara con quien se casara, ya no tenía nada que ver con ella.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado