Cuando Sania volvió a la casa, notó que lo de Ramona y Roque iba a toda velocidad.
Roque, que siempre había sido tan controlado, en una sola comida no dejó de mirar a Ramona ni un segundo.
A Ramona le daba pena.
Lo fulminaba con la mirada a propósito, pero él como si nada, seguía mirándola.
—Papá, la próxima semana quiero ir con Ramona a tomarnos las fotos de boda.
La vez pasada lo hicieron todo a la carrera. Ahora Roque quería llevar también al niño, como fotos familiares.
—Si usted tiene tiempo, también podemos tomarnos una foto todos juntos.
A Sandro le encantó la idea.
—Claro que sí.
Evaldo se metió de inmediato.
—¿Y solo con mi papá? ¿Y tu hermano qué?
—Mi esposa y yo también queremos fotos del embarazo. Vamos todos.
Un papá con hijos, si puede ahorrar, ahorra.
Roque miró a su hermano de reojo, con un poquito de disgusto.
—Está bien. Vayan ustedes también.
Evaldo le guiñó un ojo a su esposa, como pidiendo aplausos: “¿Ves cómo sí sé ahorrar?”
Sania estaba muda.
-
Ya con la fecha puesta, salieron todos juntos. Sania, con toda la confianza, también llevó a la abuela.
Tenía poco más de tres meses; la panza todavía no se le notaba mucho.
Esa sesión se podía hacer después, pero Evaldo quería aprovechar que Roque pagaba.
—Mi amor, cuando tengas siete meses, hacemos otra sesión.
Sania suspiró; ni modo.
Iván estaba emocionadísimo. Una semana antes, en las noches ya ni quería cenar, para salir “más guapo” en cámara.
—Mamá, ¿este traje blanco me hace ver gordo?
La pancita le apretaba el saco y le quedaba más justo, pero para Ramona su hijo se veía perfecto.
—Iván está guapísimo. No tienes que bajar nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado