Durante la lectura de la mañana, la maestra tomaba fotos al azar y las mandaba al grupo.
A Ramona le encantaba que su nombre en el grupo fuera “Mamá de Iván”. Entró y, como esperaba, Noelia ya había mandado el resumen de la lectura.
Apenas abrió la imagen, las luces del elevador se apagaron de golpe, y el elevador que subía lento se detuvo con un golpe seco.
A Ramona se le fue el aire del pecho.
Se pegó a la pared, prendió la linterna del celular y, cuando confirmó que el elevador ya no se movía, fue con cuidado hacia el teléfono de emergencia.
Apenas lo tomó, se dio cuenta de que tampoco había línea.
Ningún botón respondía. Con la poca señal que tenía el celular, intentó marcar el número de auxilio.
Entonces, con un estruendo, volvió la energía. El elevador se disparó hacia arriba; si no hubiera estado pegada a la pared, la habría aventado.
El corazón se le subió a la garganta. Miró los números parpadeando piso tras piso. Levantó la mano para apretar, pero no respondía.
Desesperada, apretó el botón de emergencia. La alarma sonó con un pitido rápido y agudo.
Ramona vio que el número llegó al piso 30, se detuvo dos segundos… y luego empezó a bajar a toda velocidad.
Ya no aguantó. Se agachó en una esquina y gritó.
Acababa de reencontrarse con su hijo; no quería morirse así, por mala suerte.
El sudor frío le empapó la blusa.
Le dolía la cabeza, como si se la estuvieran jalando. Además del corazón desbocado, sentía un dolor sordo, incontrolable, en el cerebro.
Ramona se abrazó la cabeza y la hundió entre las rodillas.
En su mente se le mezclaban rostros: un hombre leyendo con la mirada baja y seria; un perfil impecable en traje, sin una sonrisa;
y también esa imagen, bajo una luz cálida anaranjada, sin nada de ropa, con la mandíbula tensa y el rostro estremeciéndose.
Al final, todo se superpuso hasta volverse Roque.
Se acordó.
Se acordó de todo.
Lo feliz, lo doloroso… todo volvió.
A Ramona se le amargó la garganta. Nunca imaginó que recuperaría la memoria justo antes de morir.
El tiempo se alargó en un silencio muerto. Cada segundo era como una cuenta regresiva.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado