Iván se la pasaba pegado a su mamá preguntándole:
—Mamá, ¿cuándo me vas a dar una hermanita?
Frente a esos ojos grandes e inocentes, Ramona no sabía cómo contestarle.
—Iván, ¿qué, en la escuela te están dejando poca tarea? Le voy a decir a la maestra que te ponga un poquito más.
Iván frunció la boca al instante.
—Ya me voy a hacer la tarea.
Luego se volteó con voz suave:
—Mamá, yo sí me porto bien… dile a papá que no me regañe tanto.
A Ramona le encantó oír eso. Alzó la mirada hacia Roque.
—Iván se porta bien, y apenas va en primero de primaria. No hace falta tanta tarea.
De verdad sentía que el sistema era demasiado pesado: apenas empezaban y ya les pedían muchísimo.
Roque miró a su hijo con frialdad, como si con los ojos le dijera: «Aunque tengas apoyo, igual te pongo en tu lugar».
Iván no se atrevió a quedarse más. Con su cuerpito redondito, se fue rapidísimo a su cuarto.
Cuando el niño se fue, Roque habló con calma.
—Ese changuito es listo. A veces es bien travieso, se hace el inocente, pero sabe perfecto lo que hace. Si vuelve a preguntar cosas así, no le sigas el juego.
Ramona estaba atónita.
—Tranquila. Aunque no le sigas el juego, igual te va a querer.
Ramona recordó la pregunta de su hijo y, de golpe, se le calentaron las orejas.
—Bueno… me voy a lavar los dientes.
Roque entrecerró los ojos y la comisura de sus labios se levantó apenas.
Todavía unos días más. Su esposa tenía que adaptarse; no podía apurarla.
Ahora Ramona, por las noches, se esforzaba por meterse a la cama antes que Roque. Y cuando él se acostaba, aunque ella no estuviera dormida, se hacía la dormida.
Le daba miedo que él sacara el tema de tener otro bebé.
En ese momento, lo que sentía por Roque era apenas un poquito de simpatía, nada como para querer tener hijos con él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado