Así que no se puso tan tensa. Hizo el desayuno como siempre.
Como la noche anterior Sania decidió preparar una sopa de pescado en láminas, y desde temprano Lucía ya le había dejado el pescado cortado, Sania solo tuvo que echarlo a la olla.
Y lo que vio la gente fue a Sania, embarazada, moviéndose en la cocina.
[Qué bonita es… pero ¿está embarazada y aun así cocina?]
[Nadie dijo que por estar embarazada no puedas cocinar. Yo cuando estuve embarazada tenía que hacerle de comer a cuatro.]
[O sea, tú te aguantaste por necesidad. Mira esa casa, es una mansión. No me digas que no les alcanza para una cocinera. Además, ella se ve bien suelta, como que cocina seguido.]
Sania no sabía que estaban elogiando su “mano”. Si lo hubiera sabido, se le habría subido el orgullo hasta el techo.
Evaldo salió con un traje rojo llamativo, y el chat explotó.
[¿Qué onda? ¿De dónde salió este famoso?]
[¿Famoso? Ese es Evaldo. ¿Entonces la chica guapa es su esposa?]
[Claro, claro. Hace poco Evaldo cambió la foto y puso algo del bebé. ¿Entonces sí está embarazada? Pero… si es Evaldo, ¿por qué ella cocina?]
[La esposa de Evaldo no es de familia importante ni nada. Ay, por eso dicen que hay que casarse “en tu nivel”: mira, se casó bien y aun así le toca cocinarle y atenderlo. Se ven con dinero, pero quién sabe si viven mejor que uno.]
Había comentarios sorprendidos, otros con envidia, y otros defendiendo a Sania.
Hasta que Sania salió con la olla de barro en las manos, levantó la voz y anunció:
—¡Ya está, a comer!
—¡Ya voy, amor!
Lucía miró esa sopa oscura y supo al instante: la señora otra vez le había echado vinagre.
Le dio un poco de pena por el señor, pero ni modo: a la señora le encantaba lo agrio.
Y como decían las abuelas, si la mamá anda con antojo de agrio… el papá que sueña con niña quizá se quede con las ganas.
Sania tenía la costumbre de que Evaldo “probara primero”.
Se apoyó la barbilla en la mano, mirándolo con ilusión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado