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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 292

Sania, curiosa, preguntó: —¿Y tú cuándo aprendiste eso?

Evaldo bajó la mirada, concentrado en lo que hacía con las manos. —Aprendí un poco antes… pensando que si algún día te embarazas y te dan calambres en las piernas, al menos pueda ayudarte a que se te pase.

Sania no se esperaba esa respuesta ni de lejos.

En nada, la zona que Evaldo le había estado sobando recuperó el calor. La sangre volvió a circular y el adormecimiento se fue yendo.

Sania giró la cabeza. A través de la ventana empañada, afuera solo había una oscuridad silenciosa.

Pero dentro, la luz cálida del techo le marcaba el contorno del rostro: profundo, firme, demasiado guapo.

Sania se quedó ida… hasta que el chofer dijo:

—Ya llegamos.

Sania retiró el pie de golpe y se subió el calcetín.

—¡Llegamos, bájate!

Evaldo revisó con cuidado que estuviera bien abrigada, que no le faltara nada, y recién entonces abrió la puerta.

El frío les pegó en la cara y los dos entrecerraron los ojos sin querer.

Bajo la luna, las montañas cubiertas de nieve brillaban con un tono azul blanco. El cielo estrellado se veía tan claro que daba un vuelco el pecho.

—¡Mira para allá! —Evaldo señaló a lo lejos. Sania siguió su dedo y levantó la cara.

La Vía Láctea cruzaba el cielo. Una mancha verde tenue empezó a encenderse, a expandirse, a correr en ondas.

El cielo se pintó de luces de muchos colores.

Sania contuvo el aliento. Había visto videos, fotos… pero nada, nada, se comparaba con estar ahí.

La luz parecía fluirles encima, como un río.

—Mi amor… feliz año —susurró Evaldo junto a su oído.

Sania alzó la mirada hacia él. La aurora le dejaba destellos de colores en los ojos.

—Amor, feliz año.

-

Bajo la luz cálida del hotel, desde la puerta hacia adentro quedó un caminito de abrigos tirados.

Evaldo subió la calefacción al máximo. Le sostuvo la cara con la mano y bajó a besarla.

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