En los ojos de Marco pasó una burla rápida, como si le diera risa del coraje.
—Ajá… ¿así que Sania sí estaba tan enamorada de ese inútil?
Noa parpadeó, inocente.
—Marco, no sé… tal vez sí.
Marco respiró más pesado, y su aura se volvió de esas que alejan a cualquiera.
—Está bien. Yo te voy a defender.
—Tranquila. No voy a dejar que esto te salga gratis.
-
Sania salió de la mansión de los García con el asunto cerrado y le mandó un mensaje a Evaldo.
[¿Tú le pediste a tu familia que contactara a mi mamá? Por lo del acuerdo matrimonial.]
Evaldo estaba en un club privado, recargado, sin prisa. Tomó el celular y se le levantó un poco la comisura de los labios.
[Sí.]
Sania pensó un momento y escribió:
[Gracias.]
Que los Camoso contactaran a su mamá le había servido para salir del problema.
Decir gracias era lo justo.
Pero cuando ya estaba en el carro, lista para irse, le llegó una ubicación.
[Sania: ?]
[Evaldo: Tomé de más. Ven por mí.]
[Sania: ¿Y tu chofer?]
[Evaldo: ¿Hace rato me dices gracias y ahora te da flojera venir por mí?]
Sania se quedó callada y respondió de inmediato:
[Ya voy.]
Jacob Serrano miró a Evaldo, que ni tomaba, y estaba tirado en el sillón pegado al celular.
Se molestó un poco.
—A ver, Evaldo. Te traje a tomar, no a estar con el teléfono.
Evaldo chasqueó la lengua.
—Ustedes tomen. Yo paso.
—Es que… —sonrió— mi esposa ya viene por mí para llevarme a casa.
—Ni modo, en mi casa sí me controlan.
Todos se quedaron viendo.
—¿Cómo que esposa? ¿Te casaste, Evaldo?


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