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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 248

Ramona no quería molestar a Sania.

Pero ya no sabía qué hacer. Acababa de volver al país, no tenía contactos, y los “especialistas” que había encontrado en internet… no le inspiraron nada. Algunos parecían puro cuento.

Quizá tenían cédula, sí, pero de ahí a ser buenos… era otra cosa.

Por eso pensó que Sania, con más gente alrededor, tal vez podría recomendarle a alguien.

Eso no podía pedírselo a sus padres adoptivos. Solo podía apoyarse en una amiga.

—Déjame preguntar. Tengo una amiga que se dedica a eso, y su mentora es bastante conocida en el área.

—Gracias, Sra. Belte.

Sania soltó una risita.

—¿No se supone que somos amigas? Dime Sania y ya.

—Está bien, Sania. Pero necesito que me lo guardes en secreto.

Sania asintió.

—Claro.

Sania se movió rápido, contactó a la persona indicada y le pasó a Ramona el número de la profesora.

Después, Sania fue a la comisaría.

No esperaba volver a ver a Yuria ahí.

El policía miró a Sania con una sonrisa resignada.

—Tu mamá trajo una carta de perdón. Aunque tú no estés de acuerdo, ella es la tía de Ruby y eso pesa.

—Del anillo ya vimos la factura que trajiste: como era un juego de dos, prorrateado sale que uno vale ciento cincuenta mil. Es una cantidad alta y sí se puede demandar. El video prueba claramente el robo, pero también devolvieron el objeto.

Sania entendió: lo más probable era que le redujeran la sanción o la trataran con más “consideración”.

—Además, hace un momento ella ya se declaró culpable.

Sania miró a Yuria de reojo.

—Oficial, ella y yo ya rompimos relación de madre e hija hace tiempo. Hasta se publicó.

—Pero por sangre siguen siendo madre e hija.

—Está bien, ya entendí. Gracias, oficial. Hagan lo que tengan que hacer, como marca la ley.

Yuria vio la mirada de su hija y supo que esa carta terminaba de cortar lo poco que quedaba entre ellas.

¿Se arrepentía?

Yuria no pudo con la presión de su padre; Ruby seguía siendo su sobrina. No podía quedarse de brazos cruzados.

Sabía que le debía mucho a Sania.

—Sani…

—¡No me digas así! —la voz de Sania fue cortante—. ¡Con solo verte me dan ganas de vomitar!

A Yuria le dolió el pecho, como un pinchazo. Pero enseguida se calmó por dentro: todavía tenía a su hijo.

Perder a una hija… aceptaba ese final.

-

Sania salió de la comisaría con el ánimo por el piso. El auto de Evaldo estaba estacionado afuera.

—¿Ya lo supiste?

—Sí. No pasa nada —Evaldo le palmeó la cabeza—. Vamos a comprar anillos. Nos casamos la próxima semana, ¿cómo vamos a estar sin juego?

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