Cuando Yuria colgó la llamada de su hija, enseguida contactó a Lando.
—Lando, acabo de escuchar a Sani decir que Ruby le robó su anillo. ¿Qué pasó ahí?
Lando se quedó helado.
—¿Ah? No puede ser. Yuria, ¿cómo que Ruby robó un anillo? ¡Seguro estás confundida!
—Ruby recibe una mesada de cientos de miles al mes, ¿para qué iba a robar un anillo?
—Yuria, ¿de verdad no confías en tu sobrina?
Yuria no era que no confiara en su sobrina, pero su hija tampoco tenía motivo para acusar a su prima así porque sí.
—Mejor pregúntale a Ruby. No lo hagamos más grande. Sani dijo que si hoy en la noche no lo devuelven, va a denunciar.
A Lando le brilló la mirada, como si algo se le hubiera encendido por dentro.
—Está bien. Pero te garantizo que no fue Ruby. Debe ser un malentendido de Sani. Tú explícale bien.
Colgaron, y justo en ese momento Ruby volvió a la casa.
—Tu tía dice que agarraste el anillo de Sania. ¿Qué es esto?
Ruby resopló, con una mueca de fastidio.
—Papá, ¿no fuiste tú el que me dijo que me acercara a Evaldo? Pues sí, lo agarré a propósito. Si se le “pierde” un anillo, a Sania la van a regañar seguro.
—¡No inventes! Yo te dije que te acercaras, no que hicieras una estupidez así.
Ruby se sintió agraviada al instante.
—¿Y entonces qué? Ya lo agarré. Lo tiro y ya. ¿Quién va a saber que fui yo?
—Cuídate. No hagas tonterías. Te mandé a acercarte, no a armar pleito con ellos.
Lando estaba que se lo llevaba el diablo. En cuanto pudo, llamó a Yuria.
—Ya le pregunté a Ruby. Ella sí que no lo agarró. Mejor ve y explícale a Sani, ¿sí?
—Yuria, tú regresaste y ni te quieren ver, que porque Sani trae mala suerte… yo hasta te defendí. Si esto se hace grande, nos perjudica a todos, ¿no?
A Yuria se le endureció la mirada. Lo entendió al vuelo: ese anillo, muy probablemente, sí lo había tomado Ruby.
Respiró hondo. Sus dos hermanos no servían para nada. Tragándose el coraje, dijo:
—Está bien, yo hablaré con ella. Pero a esa hija ya no la puedo controlar. Tú ve preparándote.

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