La noche siguiente, Roque se puso un abrigo negro. Se veía más accesible que de costumbre.
Pero esa frialdad seria que traía en la mirada no se le iba. Cuando no hablaba, seguía pareciendo correcto y distante.
Cuando pasó por Teodora y Braulio, los tres se quedaron callados un rato, hasta que Braulio carraspeó.
—Ramona… ¿este es tu novio?
—Sí, papá. Él es Roque Camoso, mi novio.
Braulio asintió.
—Je, je… mucho gusto.
—Mucho gusto. Puede decirme Roq, no hay problema.
Ramona, sentada en el asiento del copiloto, se puso tiesa. ¿Quién iba a llamarlo así?
—Roque, disculpa que pregunte… ¿cuántos años tienes?
Roque sonrió apenas.
—Señor, tengo treinta y cuatro. Trabajo en el gobierno.
A Braulio le cayó el veinte. Con razón ese hombre tenía como un aire recto, de autoridad.
—Bueno… trabajo estable, qué bien.
Teodora sintió que sí estaba un poco grande.
—Entonces le llevas siete años a nuestra Ramona. ¿Se conocieron porque alguien los presentó?
A Ramona se le apretó el corazón. Eso no lo había “ensayado” con Roque.
—Señora, mi cuñada es la jefa de Ramona. Nos conocimos por casualidad, en una situación particular —dijo Roque, eligiendo decir la verdad.
—Ah, mira, qué coincidencia.
Teodora notó que la familia de Roque no debía ser cualquier cosa, pero apenas iban empezando. Preguntar de más se veía mal, así que los dos se frenaron.
Al bajar del coche, Roque le extendió la mano a Ramona.
Ella se quedó un segundo en blanco, hasta que él alzó una ceja, como preguntándole por qué no la tomaba. Ramona apretó los labios, dio un paso y se la tomó.
Sus manos se juntaron, y ella fue la que la agarró primero.
Roque, casi imperceptible, sonrió.
Los llevó a un restaurante donde su gente solía reunirse. El encargado de turno, sabiendo que era una reunión privada, entró a atenderlos en persona.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado