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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 715

Cuando reaccionó, ya había contestado la llamada de Gisela.

Por un momento, Saúl no supo si debía recoger los pedazos dispersos del reloj de pared o si era mejor colgarle a Gisela de inmediato.

Justo cuando se incorporaba, la voz de Gisela llegó desde el otro lado de la línea:

—Doctor Saúl, te mandé unos documentos, ¿puedes revisarlos?

Mientras se acercaba al reloj caído, Saúl respondió con un tono cortante:

—¿Sabes que tu comportamiento ya podría considerarse acoso?

Del otro lado, Gisela guardó silencio por un instante.

Saúl no pudo evitar lanzar una burla:

—¿Y bien? ¿Te quedaste muda?

Gisela titubeó unos segundos antes de contestar:

—Si sientes que te estoy acosando, puedes ir a la policía.

Justo cuando Gisela hablaba, Saúl se había agachado para recoger el reloj del piso; al escucharla, el reloj volvió a resbalarse de sus manos, estrellándose de nuevo contra el suelo.

Saúl, ya irritado, masculló:

—Voy a colgar.

Gisela, apresurada, añadió antes de que cortara la llamada:

—Míralos con calma.

Fastidiado, Saúl recogió los pedazos rotos con movimientos bruscos y los arrojó a la basura.

Juraría que no tenía intención de revisar los mensajes de Gisela.

En realidad, solo quería ver el mensaje de un colega que estaba en la parte superior de la pantalla, pero justo cuando posó el dedo, Gisela volvió a escribirle, y el mensaje que estaba en la segunda línea saltó al primer lugar. Por pura inercia, Saúl terminó abriendo el chat de Gisela.

Ahí estaban las fotos que ella le había mandado.

Aunque no quería verlas, su mente empezó a analizarlas sin quererlo.

¿Por qué había hecho todo esto?

¿Estaba relacionado el incidente del diagnóstico erróneo entre Romina y Rubén?

El pecho le dolía como si llevara plomo dentro, cada respiro era un esfuerzo, y las manos y pies se le quedaron helados.

Le vino a la cabeza la conversación entre Gisela y Romina. Sintió un hormigueo desagradable en el cráneo.

¿Había alguna verdad en la boca de Romina?

¿Debería confiar en Romina? ¿O en Gisela?

No, algo no estaba bien.

De repente, Saúl se dio cuenta.

Con la habilidad de Gisela, perfectamente podía haber inventado todo ese material.

No podía dejarse engañar por ella. Además, él mismo había prometido no volver a dudar de Romina.

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