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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 716

Justo en ese momento, Gisela volvió a llamarle por teléfono.

Saúl dudó un buen rato antes de contestar.

Al principio ninguno de los dos dijo nada. Ni él ni Gisela abrieron la boca.

Después de unos segundos de silencio, Saúl frunció el ceño.

—Habla.

Del otro lado, de pronto se escuchó la risa de Gisela.

—...Perdón, no me di cuenta, pensé que no ibas a contestar.

Saúl arrugó la frente. No se acostumbraba al tono tan seguro de Gisela, pero no dijo nada.

—¿La información que me mandaste... es cierta?

Apenas terminó la frase, se oyeron bocinazos de carro por el auricular, y después la voz de Gisela.

—Si no me crees, nos podemos ver en persona. Te muestro los documentos impresos, todos tienen el sello oficial.

Saúl se quedó callado un buen rato.

Cuando por fin habló, hasta se le torcieron los músculos de la cara.

—Gisela, ¿sabes lo que va a pasar si me estás mintiendo?

Gisela giró el volante y contestó con calma.

—Si no confías en mí, ¿para qué me contestas? ¿Y por qué fuiste conmigo al hospital el otro día?

Saúl se quedó sin palabras.

Gisela propuso:

—Estoy manejando ahora, ¿quieres que pase por ti? ¿Platicamos?

—...Está bien —accedió Saúl con voz baja.

—Sigue —le exigió Saúl sin apartar la vista.

Gisela alzó ligeramente una ceja.

—Va.

Saúl hojeó más hojas. Gisela continuó:

—Esto de aquí es sobre el fondo de fideicomiso que Romina armó en Santa Clara, todo tiene el sello oficial. Aquí también están los registros de todos los retiros de Nicolás y Lola durante estos años.

—La abuela de Alejandra fue diagnosticada erróneamente por Rubén con cáncer de huesos en etapa terminal. Desde entonces ha estado recibiendo quimioterapias, muchísimos tratamientos que le han hecho mucho daño. Tú mismo sabes cómo está la abuela, sigue hospitalizada. Muchas de las obras que firma Romina estos años en realidad las hizo Alejandra. Romina metió a la abuelita en el Hospital Exclusivo VidaPlena; el tratamiento es carísimo. Romina usó esas cuentas médicas para chantajear a Alejandra y la obligó a trabajar para ella como escritora fantasma. Por suerte, yo descubrí todo antes de que el daño fuera mayor.

—Finalmente, aquí tienes la información médica del error de Rubén —dijo Gisela—. Léelo bien.

Pasaron varios minutos en silencio. Nadie dijo nada.

Saúl solo pasaba y pasaba las hojas, la respiración se le fue acelerando.

De repente, cerró los documentos de golpe, se reclinó en el asiento con los ojos cerrados y empezó a respirar agitadamente.

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