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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 836

La cena de bienvenida, que se había planeado con tanto esmero, terminó de manera abrupta y sin ceremonia.

Xavier caminaba por el vestíbulo del restaurante con el ceño fruncido y una expresión de fastidio pintada en el rostro. Su ánimo, decaído, era evidente.

Sin embargo, al salir por la puerta, su mirada captó de inmediato la silueta de Gisela.

Al verla de espaldas, una parte de la pesadez en el pecho de Xavier se disipó. Pero ese alivio duró poco, pues al volver la vista notó al hombre parado junto a ella.

Estaban tan cerca que apenas cabía un puño entre sus brazos. El hombre, girado hacia Gisela, le decía algo que la hacía reír, creando entre ambos un ambiente tan ameno y natural que a Xavier se le fruncieron aún más las cejas, sintiéndose incómodo.

La armonía era tan evidente que le resultaba imposible ignorarla.

Gisela no llevaba a su secretaria, así que Xavier supuso que su encuentro no tenía nada que ver con asuntos de trabajo.

Y estaba seguro de que nunca antes había visto al hombre que la acompañaba.

Una ligera alarma se encendió en su interior.

—Gisela.

Xavier se quedó quieto, observando cómo ella se giraba al escuchar su voz.

Su incomodidad creció cuando notó que, al verlo, el brillo en los ojos de Gisela titubeó, como si se pusiera nerviosa y lanzara una mirada fugaz al hombre que estaba junto a ella.

Ese breve momento de tensión no pasó desapercibido para Xavier, quien sentía cómo el malestar le recorría el cuerpo.

Avanzó hacia ellos y, con una media sonrisa que no llegaba a los ojos, soltó:

—Vaya, qué coincidencia encontrarte aquí. ¿No vas a presentarme?

Patricio se quedó un instante perplejo y preguntó:

—Señorita Gisela, ¿quién es...?

Xavier le lanzó una mirada a Gisela, dándole a entender que esperaba su presentación. Gisela respiró hondo y respondió a Patricio:

—Este es mi amigo, Xavier.

Mientras presentaba a Xavier, Gisela sintió que las palabras se le trababan en la garganta y no sabía cómo nombrarlos.

—Y este es... también un amigo, Patricio.

El silencio entre ambas frases se prolongó un poco más de lo normal. Xavier, alerta, entrecerró los ojos y no perdió detalle del rostro de Gisela.

Patricio notó la elección de palabras y, sin perder la cordialidad, extendió la mano hacia Xavier:

—Mucho gusto.

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