Ella no le hizo caso, solo se acurrucó más en los brazos de su madre y empezó a consentirse, lo que hizo que Jonás y Adela sintieran una ternura que les suavizó el corazón.
Pasó un buen rato antes de que Ofelia lograra calmarse. Finalmente, se acomodó y sacó su celular.
Al desbloquearlo, se dio cuenta de que el mensaje que había recibido venía de Xavier, quien ya la había bloqueado en el pasado.
Ofelia murmuró sorprendida, y de inmediato abrió la pantalla para leer.
Al parecer, en algún momento Xavier la había sacado de la lista de bloqueados y hasta le había escrito: [¿Sigues afuera?]
Ofelia sintió que el corazón le latía tan fuerte que casi le saltaba del pecho. No tardó en responder con los dedos temblorosos: [¿Estás preocupado por mí?]
Xavier: [Ahorita tengo tiempo. Dime dónde estás y te llevo a casa.]
Las lágrimas de Ofelia amenazaban con caer de nuevo. Haciendo un puchero, contestó: [¿Por qué no me lo dijiste antes? Mis papás ya vinieron por mí. Xavier, gracias por preocuparte.]
Xavier: [Está bien, pero no vuelvas a salirte así, no hagas que la gente se preocupe por ti.]
Ofelia no pudo evitar soltar una carcajada entre lágrimas.
Su expresión cambió tanto que Adela, sentada junto a ella, no pudo evitar mirar con curiosidad. Se asomó y vio la pantalla de Ofelia.
Por supuesto, estaba chateando con Xavier.
Adela negó con la cabeza, resignada. No le quedó más remedio que dejar que su hija siguiera en lo suyo.
Ofelia escribió: [¿Entonces reconoces que te preocupas por mí?]
Pero la respuesta de Xavier le congeló la sonrisa en los labios.
Xavier: [Eres mi hermana.]
Ofelia, enfadada, cerró el celular de golpe.
¿Quién quiere ser tu hermana?
Dejando el celular a un lado, Ofelia se lanzó sobre Adela y la abrazó con fuerza.
—¡Mamá! ¡Tengo que casarme con Xavier, tienes que ayudarme!
Adela la rodeó con los brazos y soltó una risa.
—Claro, hija, te voy a ayudar.
...
—¿Qué pasa ahora?
Aitana le dijo:
—¿No que querías acercarte a Patricio? Hoy lo volví a invitar, van a verse a las doce del día. Apúrate y arréglate.
—¿Otra vez? Si ayer ya lo vi, ¿por qué tengo que verlo otra vez hoy?
Gisela, resignada, intentó regresar a la cama, pero Aitana la jaló de nuevo.
—¡Rápido, arriba!
Ante la insistencia de su madre, no le quedó otra que levantarse.
...
Cuando Gisela y Patricio se encontraron en el restaurante, ambos se miraron y compartieron una sonrisa resignada, como si supieran perfectamente lo que pasaba.
Patricio le comentó con una risa:
—Le conté a mi mamá y ahora está más contenta contigo que nunca. No ha dejado de decirme que te vea más seguido, que así vamos a llevarnos mejor.

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