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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 831

—¿Y además qué? —preguntó Adela con voz suave.

Ofelia soltó un gemido, cubriéndose la cara con ambas manos, claramente mortificada.

—Y además… hay una mujer cerca de Xavier. Creo que es su novia…

—¿Gisela?

Ofelia se quedó pasmada. No esperaba que Adela supiera el nombre.

—¿Cómo sabes tú eso? —aventuró, con los ojos entrecerrados.

Adela sonrió y le dio un pequeño toque en la frente, como si regañara tiernamente a una niña.

—No tienes por qué preocuparte por eso. El señor Tapia me lo contó todo. Esa supuesta novia es solo una invención de Xavier para despistar. Gisela no es su novia.

Ofelia se quedó boquiabierta, los ojos se le iluminaron en un instante, surgiendo una chispa de esperanza en su mirada.

—¿De veras? ¿No es la novia de Xavier?

Adela soltó una risita, divertida con la reacción de su hija.

—No, tranquila. Xavier nunca ha tenido novia. Desde que nació está soltero y eso me lo aseguró el señor Tapia en persona.

Ofelia soltó un gritito ahogado, como si le hubieran regalado algo que llevaba años esperando.

Adela la miró con cariño, y hasta Jonás, que manejaba el carro, volteó por el retrovisor, negando con la cabeza y con una sonrisa resignada.

—Esta niña… —dijo Jonás, suspirando.

Adela le acarició el cabello a Ofelia.

—¿Qué se le va a hacer? Es la única hija, hay que consentirla —comentó, encogiéndose de hombros.

De repente, Ofelia se quedó callada. Apoyó la frente contra el asiento delantero, sin decir palabra, como si una nueva ola de tristeza la hubiera arrastrado.

Adela se quedó desconcertada.

—¿Ahora qué te pasa? —preguntó, preocupada.

La voz de Ofelia salió apenas como un susurro.

—Aunque Xavier esté soltero… de todos modos no quiere casarse conmigo. Además… él…

Él… también me bloqueó, pensó para sí, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.

Adela insistió:

—¿Él qué?

Ofelia negó con la cabeza.

—Nada, no es nada.

Adela y Jonás intercambiaron una mirada de resignación a través del retrovisor. La impotencia flotaba en el aire.

—No pienses tonterías, no es para tanto.

Ofelia la miró con desconfianza, aún sin estar convencida. Adela le habló con más seriedad:

—No te preocupes por cosas que ni han pasado. Solo dime una cosa, hija: ¿quieres casarte con Xavier? Si tú quieres, yo te apoyo. No tienes que preocuparte por nada más.

Ofelia titubeó, las palabras en la punta de la lengua.

—Yo…

Adela le apretó la mano.

—Solo dilo.

Ofelia bajó la mirada, se mordió los labios y murmuró apenas:

—Por supuesto que quiero casarme con Xavier.

—Entonces ya está —afirmó Adela, segura y tranquila—. Si eso es lo que quieres, tu papá y yo vamos a hacer todo lo posible para ayudarte.

Ofelia, con los ojos vidriosos, se lanzó a los brazos de su madre.

—Mamá…

Justo en ese momento, el celular de Ofelia vibró con una notificación.

[...]

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