Xavier contestó con evasivas, usando solo lo necesario para explicar:
—Estuve en una comida familiar.
De inmediato, cambió el rumbo de la conversación y le lanzó la pregunta a Gisela:
—¿Y tú? ¿Por qué estabas en ese restaurante? ¿Por qué te reuniste con Patricio?
Gisela giró la cabeza, se aclaró la garganta y respondió:
—Es solo un amigo. Tenía unas preguntas sobre asuntos de la empresa que quería hacerle.
Aunque ni ella misma entendía por qué había mentido.
Xavier no tardó en presionar:
—¿Qué tipo de preguntas?
Gisela vaciló un momento antes de responder:
—…Cosas sin importancia, nada grave.
Xavier la observó de perfil y fue directo:
—¿Cosas sin importancia? ¿Qué problema puede haber que tú no seas capaz de resolver?
Gisela soltó una risa ligera:
—¡Ah, mira nada más! ¿Tan capaz me crees? Claro que hay cosas que no puedo solucionar sola.
Xavier la miró fijamente. Después de un largo silencio, murmuró:
—¿Sabes? No me convence tu respuesta.
Gisela puso cara de resignación:
—En serio, no es nada. ¿Qué cosas te estás imaginando?
Xavier la miró un instante más, y al ver que no notaba nada fuera de lo normal, apartó la vista y dijo con voz suave:
—La verdad, hoy mi familia me obligó a una cita a ciegas.
Terminando la frase, levantó la cabeza para ver la reacción de Gisela.
Ella apenas parpadeó, sin mostrar el gesto que Xavier esperaba. Respondió con total calma:
—¿Ah, sí? ¿Y te gustó la persona?
Parecía que no le importaba en absoluto, incluso tenía curiosidad por el chisme.
Xavier, algo decepcionado, se dejó caer contra el respaldo de la silla y respondió con tono más fuerte:
—No.
Gisela empezó a sospechar el motivo.
Sabía bien que Xavier y Ofelia se conocían desde niños, y que ambas familias siempre los habían querido juntar. No necesitaba más que un poco de lógica para imaginarlo.

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