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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 674

A mitad del camino, Xavier comentó con calma:

—Si de verdad esperabas a que yo regresara en unos diez días, ¿no me habrías olvidado para entonces?

Gisela se encogió de hombros y esbozó una sonrisa ligera:

—¿Qué cosas piensas? Mi memoria es bastante buena.

Xavier se recargó perezoso en el asiento, por fin se veía más relajado que antes.

—Por cierto, al menos no percibí el aroma de ninguna loción masculina.

Gisela respondió al instante:

—Seguro se te olvidó ponerte, ¿no?

En cuanto Gisela abrió la boca, Xavier supo que ella había entendido mal.

Él se refería a que no había sentido en ella el aroma de colonia de otro hombre, no que él la hubiera olvidado.

Pero Xavier no tenía intenciones de corregirla.

—Sí, supongo que sí —respondió, dejando el malentendido en el aire.

Durante los días en los que estuvo de viaje por trabajo, Xavier había estado inquieto y preocupado.

Nelson también seguía fuera, trabajando en Ciudad de los Vientos. Aunque ya estaba casado y tenía esposa e hijos, eso no tranquilizaba a Xavier. Como hombre, había notado algo diferente en la forma en que Nelson miraba a Gisela.

A Xavier, Nelson siempre le había causado cierta desconfianza.

Por un lado, Gisela y Nelson se conocían de hace tiempo, y Gisela incluso le había confesado que en su momento sintió algo por él. Quién sabe si un día la chispa pudiera renacer.

Por otro lado, Xavier confiaba en que Gisela no haría nada para destruir la familia de alguien más. Pero en Nelson no confiaba ni tantito.

Él conocía bien las debilidades de los hombres, y Nelson, con poder y posición, además de un pasado con Gisela, le parecía una amenaza demasiado grande.

Pero la reacción inmediata de Xavier fue de alerta.

En el fondo, temía que Gisela estuviera con otro hombre.

Al ver que sus mensajes quedaban sin respuesta, sintió una presión en el pecho y, sin pensarlo dos veces, fue directo al edificio donde trabajaba Gisela.

Desde afuera, era fácil distinguir la oficina de Gisela: estaba en uno de los últimos pisos, y la suya era la única ventana que aún permanecía iluminada.

Ver esa luz encendida le devolvió la calma.

En realidad, ya llevaba casi una hora esperando abajo, incluso antes de enviarle a Gisela el mensaje de que iría a la oficina. Ya estaba ahí, observando.

Mientras miraba la luz de la oficina, Xavier experimentó una sensación inexplicable.

Una paz profunda, una tranquilidad que no había sentido ni siquiera cuando regresó a su propia casa en Villa Jardines de Armonía.

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