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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 673

Pasaron otros diez minutos.

[Xavier: Te doy tres segundos para responder.]

[Xavier: Tres.]

[Xavier: Dos.]

[Xavier: Uno.]

[Xavier: Listo, ya me enojé. No voy a hablarte más, no quiero jugar contigo.]

Cinco minutos después.

[Xavier: Bueno... ¿estás ocupada?]

[Xavier: Está bien, está bien, si te digo que en el fondo no me enojé, ¿me crees?]

[Xavier: No estoy molesto, la verdad es que hace rato mi otra personalidad tomó el control.]

Treinta minutos más tarde.

[Xavier: ¿De verdad estás tan ocupada? Te espero a que regreses (caritas de llanto, muchas).]

Una hora después.

[Xavier: No estarás aprovechando que no estoy para salir con otro, ¿verdad?]

[Xavier: Si no regresas pronto, voy a ir a buscarte.]

La más reciente.

[Xavier: Contéstame, por favor.]

No solo le había mandado mensajes, Xavier también le había llamado cinco veces. Gisela ni cuenta se dio.

Cuando Gisela terminó de leer todo eso, sintió un escalofrío en la cabeza.

Resulta que había estado tan ocupada que ni tiempo tuvo de revisar el celular. Apenas si logró salir de la oficina a toda velocidad.

Le contestó de inmediato:

[Perdón, estaba ocupada y no vi el celular. Ya voy de regreso a casa.]

Xavier respondió al instante:

[¿Dónde estás?]

Gisela:

[Todavía en el estacionamiento.]

Xavier:

[Ah.]

[Estoy justo afuera de tu oficina.]

Gisela levantó las cejas sorprendida y con una mano le escribió:

[Ya salgo.]

Sacó el carro del estacionamiento subterráneo y se dirigió hacia la entrada principal del edificio, encendiendo las luces altas para hacerse notar.

Xavier estaba parado junto a la jardinera en la entrada, y cuando lo alumbró, levantó la mano para cubrirse los ojos, molesto por la luz.

Gisela apagó las luces altas y encendió las normales.

Xavier se acercó y subió al asiento del copiloto.

Encendió el carro.

—¿Te pasó algo? ¿Por qué tanta prisa en regresar?

—¿No será que afuera hay algún perro?

Las palabras de Xavier la dejaron en blanco.

Gisela frunció el ceño.

—¿Qué?

Xavier le lanzó una mirada de lado, medio ofendido.

—Tan tarde y tú sin aparecer… tampoco contestabas los mensajes. Pensé que algún tipo ya te había convencido de irte con él.

La mirada de Gisela se volvió más complicada.

—¿Así que solo por eso viniste a buscarme?

Xavier soltó un bufido.

Gisela no pudo evitar sonreír con resignación.

—¿Cuánto tiempo llevas esperando? De verdad, estaba ocupada. No revisé el celular.

—No fue tanto —contestó Xavier.

Gisela suspiró.

—Vámonos a casa.

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