UVPO. CAPÍTULO 28. Una llamada de agradecimiento
El jueves, Tiffany apareció en el bufete para almorzar con Sloan. Llevaba un vestido elegante y una sonrisa que desapareció cuando descubrió que su novio estaba mirando por tercera vez hacia la puerta.
—Cariño, ¿me estás escuchando? —lo increpó.
—Por supuesto.
—Entonces, ¿qué opinas?
—Me parece una buena idea.
Tiffany entrecerró los ojos.
—Te pregunté si debería operarme la nariz —siseó Tiffany y Sloan levantó la cabeza.
—¿Qué?
—¡No me estás prestando atención!
En aquel momento Alejandra cruzó el pasillo cargando una carpeta y Sloan se levantó inmediatamente.
—¡Alejandra! ¡No deberías cargar peso!
Ella contempló la carpeta, más ligera que una pluma.
—Son doce hojas, Sloan.
—Tienes una herida…
—En el hombro, no en el cerebro —murmuró ella en automático, mirándolo como si de verdad no pudiera creer que él estaba diciéndole eso.
Tiffany dejó los cubiertos sobre el escritorio con un golpe seco.
—¡Sloan!
Él se volvió con impaciencia.
—¿Qué?
—¡Estoy aquí! —replicó ella como si esa fuera excusa suficiente.
Alejandra miró a Tiffany, después a Sloan, la improvisada comida en la mesa y decidió que aquel era un excelente momento para desaparecer.
—Los dejo solos… pero no seas tacaño, guárdame tiramisú —le susurró a Sloan y él la siguió con la mirada.
Quizás ese era el problema, Alejandra seguía siendo cálida, divertida, solo que los límites con él casi dolían.
Tiffany, por su parte, parecía estar considerando seriamente arrojarle el vaso de agua. Pero no podía hacer nada por una conversación preocupada a medio pasillo. Eligió dejarlo pasar, pensando que cuando los seis meses terminaran, también terminaría la agonía con aquella mujer.
No tenía ni idea de que la agonía estaba a punto de comenzar, porque el viernes por la tarde, Sloan recibió una llamada de su tío Darío.
—¡Muchacho! —saludó este con entusiasmo—. Quería darte las gracias.
—¿A mí…? ¿Por qué? —preguntó Sloan, que más bien había esperado que lo amenazaran de muerte por el incidente del tiroteo con Alejandra.
—¡Por mi hija! Hablé con ella esta mañana y está realmente feliz. Hacía tiempo que no la escuchaba tan entusiasmada.
Sloan sintió una satisfacción inmediata. Quizás Alejandra había comenzado a apreciar su trabajo. Quizás finalmente estaba disfrutando de la estabilidad que él le había proporcionado.
—Me alegra saberlo.
—¡No deja de reírse! ¡Me contó que está haciendo planes para el fin de semana y que conoció a un muchacho estupendo!
La satisfacción desapareció como si le hubieran pateado en el estómago para que la escupiera.
—¿Un… muchacho?
—Sí, un guardaespaldas. Samuel, creo que se llama. Dice que es muy divertido.
Sloan apretó el teléfono como si fuera a romperlo.
—Ah…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS