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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 289

UVPO. CAPÍTULO 30. Un búho, un tigre y un secreto

Sloan había pasado las últimas dos horas del parque de diversiones intentando comprender cómo un hombre adulto podía caminar abrazado a un tigre de peluche sin perder la dignidad. Samuel, aparentemente, no tenía ese problema.

Había llevado al gigantesco animal durante todo el recorrido, lo había sentado junto a él mientras comían y hasta le había comprado un sombrero diminuto. Alejandra se había reído tanto que terminó quejándose del dolor en el hombro.

Cuando finalmente regresaron al edificio, Tiffany se despidió con un beso rápido y anunció que necesitaba llegar a casa para darse un baño urgente y quitarse el polvo del día.

—Honestamente no sé cuál si no nos subimos ni a un juego —rezongó Sloan en voz baja.

Alejandra esperó a que se marchara antes de volverse hacia él.

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

—Nada. Y sí —masculló él mientras subían en el ascensor—. ¿No lo parece?

—Llevas toda la tarde con cara de que alguien te robó la herencia —replicó Alejandra tratando de no reírse.

—No es nada, solo estoy cansado.

—¿De qué? —preguntó ella y Sloan apretó los puños porque esa era exactamente la pregunta, se había pasado literalmente todo el tiempo “acompañando” a Tiffany a sentarse en algún lado porque por supuesto con aquellos tacones de aguja no podía ni soñar caminar por un parque—. Ya veo. Sabía que no ibas a disfrutarlo.

Sloan se metió las manos en los bolsillos y frunció el ceño.

—No dije eso…

—No hacía falta. Tienes una expresión muy comunicativa para alguien que habla tan poco —aseguró Alejandra y él suspiró.

No, no había pasado una buena tarde, pero eso no tenía nada que ver con ella.

—Tiffany no está acostumbrada a este tipo de salidas —se defendió.

—Entonces no deberías forzarla —le advirtió Alejandra—. La gente no debería tener que cambiar por la persona que ama. Si alguien te quiere te querrá precisamente por lo que eres, no por cómo puede transformarte.

Sloan giró medio cuerpo para mirarla con curiosidad.

—Eso es sorprendentemente maduro para salir de tu boca. ¿Dónde está Alejandra y qué hiciste con ella? —la increpó.

—¡Oye, mi locura no es mutuamente excluyente con mi sabiduría! —se rio.

—¿Por eso te gusta Samuel? —preguntó él de repente—. ¿Porque es loco igual que tú y no intenta cambiarte?

—Samuel no es loco —advirtió Alejandra—. De hecho es más cuerdo que muchas de las personas que conozco. Simplemente comparte la forma en que a mí me gusta divertirme. Hay personas de ópera, y hay personas de montañas rusas… a veces solo tenemos que aceptar que es mejor estar con los que son como nosotros.

Sloan hizo silencio, porque sabía muy bien por qué le tocaba un punto sensible.

—Sí, se nota que lo estaba disfrutando. Hasta te quitó tu peluche —rezongó Sloan.

—No me lo quitó, yo se lo regalé… —Alejandra lo examinó unos segundos y después ladeó la cabeza—. Espera... ¿Tú también querías un peluche?

Sloan la miró como si acabara de insultar a toda su familia.

—¿Qué?

—¡Un peluche! Samuel consiguió su tigre y tú te quedaste mirándolo con una cara horrible.

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