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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 265

UVPO. CAPÍTULO 6. Un adulto responsable

Alejandra estaba satisfecha, por supuesto que estaba satisfecha, pero no había sorpresa en aquella sensación, porque sabía que Sloan la habría sacado de cualquier problema legal, hiciera lo que hiciera.

Sin embargo en ese momento el problema no era el Superboy, sino la mirada inquisitiva del juez que pasaba por encima de su expediente, y el hombre frunció el ceño mirando a Alejandra

—Señorita Rivera, en cuanto al caso de esta tarde, queda exonerada del delito. Pero en su expediente consta que usted tiene dieciséis detenciones relacionadas con agresiones. —El silencio cayó sobre la sala como un mazo—. Dieciséis —repitió el magistrado.

—Sí, Su Señoría —respondió Alejandra bajando la mirada como si de verdad se avergonzara—. Pero en mi defensa también he sido exonerada de todas esas.

—Exonerada es una cosa, y libre de polvo y paja es otra, señorita Rivera. Dieciséis agresiones ya son un patrón. ¿O eso le parece normal?

—Bueno… supongo que depende del período que estemos considerando… —respondió Alejandra y Sloan giró lentamente hacia ella como si quisiera asesinarla.

—No respondas eso —le gruñó porque eso era precisamente lo que no quería que el juez viera.

Y ahora el que sonrió fue Su Señoría, porque sí que lo había notado.

—Pero me interesa saberlo. ¿En cuánto tiempo acumuló esas detenciones? —preguntó el juez mirándola fijamente.

—Este… un año y medio —carraspeó Alejandra—. No soy tan eficiente como parezco.

El magistrado se quitó los lentes y Sloan echó la cabeza atrás como si ya supiera la sentencia que venía.

—Señorita Rivera, esto no es gracioso.

—No pretendía serlo, Su Señoría… Bueno, un poquito.

—¡Alejandra! —susurró Sloan y el juez miró a Sloan, que ya era conocido en los juzgados de aquella ciudad como una institución del estoicismo y la rectitud.

—Licenciado, ¿en serio usted es su abogado? —lo increpó mirando el expediente.

Y sí, cualquiera diría que estaba loco, o que se estaba forrando a costa del mal carácter de Alejandra.

—Desafortunadamente, sí, Su Señoría.

—¿Las dieciséis veces? —insistió el juez.

—Sí, me ha costado, créame… pero ser su familia constituye una condena sin posibilidad de libertad condicional —gruñó Sloan mirándola con odio y ella se encogió como si la estuvieran regañando.

El juez reprimió una sonrisa. Aquellos dos se odiaban, eso era evidente. Lo que fue mucho menos evidente era el mensaje que había entrado en su celular justo antes de empezar la audiencia, y que venía de un querido amigo y colega, el juez Sheffield. Así que al final carraspeó antes de continuar.

—Licenciado, ¿considera que su clienta tiene problemas para controlar la ira? —preguntó con total seriedad.

—No, Su Señoría —respondió Sloan y Alejandra lo miró, sorprendida, porque eso sí que no se lo esperaba.

—¿Ves? ¡Por fin dices algo bonito de mí! —sonrió dándole un codazo amistoso.

—Mi clienta controla perfectamente su ira —continuó Sloan quitándole la esperanza—. Su problema es que carece de criterio para decidir cuándo debe ponerse física.

—Eso ya no fue bonito —rezongó Ale.

—No estaba intentando halagarte —siseó él.

Por algunos minutos la sala quedó en silencio y solo se escuchó la voz del juez, leyendo con un tono de sarcasmo y otro poco de sorpresa, todas las anteriores detenciones de ese año.

—Cinco con esta, señorita Rivera, y no estamos ni a mitad de febrero. ¿A usted le gustan las comisarías o se cree la vengadora fantasma? —concluyó.

—Ninguna, Su Señoría, solo tengo mala suerte para que los problemas me encuentren —contestó ella—. Pero al final mírele el lado bueno, dicen que Diosito le da sus mayores batallas a sus mejores guerreros.

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