UVPO. CAPÍTULO 25. Revelacioens peligrosas
En el hospital, Sloan consiguió hacer en veinte minutos lo que normalmente le habría llevado una semana de discusiones: Se peleó con el personal de admisión porque consideró que tardaban demasiado. Exigió hablar con el médico responsable. Pidió una segunda evaluación cuando le explicaron que Alejandra probablemente solo necesitaría unos puntos. Y cuando una enfermera le indicó que debía esperar fuera mientras limpiaban la herida, respondió con una indignación absolutamente desproporcionada:
—¡Soy su abogado!
—Señor, eso no lo convierte en médico.
—¡Soy también su responsable legal durante el período de supervisión! —discutió.
—¿Es su esposo? ¿Su novio? ¿Su cariñito? ¿Su “peor es nada”? —lo desafió la enfermera y Sloan se puso más lívido que una rana albina—. ¿No? ¡Pues se queda afuera!
Alejandra, acostada boca abajo en la camilla, soltó una carcajada que inmediatamente se convirtió en una mueca de dolor.
—¡Ay! ¡No me hagan reír!
La enfermera miró a Sloan.
—¿Ve? Está alterando a la paciente.
—¡Yo no la estoy alterando!
—¡Sloan! —intervino Alejandra—. ¡Por el amor de Dios, siéntate!
Él se quedó inmóvil, pero un segundo después obedeció.
La doctora que finalmente la atendió confirmó que la bala había producido una herida superficial en la región escapular, sin penetración profunda ni lesiones importantes. Después de limpiarla cuidadosamente, le colocó unos pocos puntos y le explicó las indicaciones para evitar una infección.
—Tendrá molestias durante algunos días, pero debería recuperarse sin complicaciones.
Alejandra sonrió.
—¿Ves? Estoy perfecta —le dijo a Sloan, pero él solo contemplaba el vendaje que cubría parte de su espalda.
—Te dispararon.
—Me rozaron. Es diferente.
—Alejandra...
—Sloan, si sigues repitiéndolo, la pobre bala perdida va a empezar a sentirse importante.
Él no sonrió. Ni siquiera un poco, y cuando finalmente permitieron que Alejandra descansara, Sloan salió al pasillo con el teléfono en la mano. Su primera llamada fue al detective encargado del caso.
—Quiero que se preserven todas las grabaciones del edificio. ¡Todas! Las cámaras exteriores, los accesos, los estacionamientos y los corredores. Y quiero que identifiquen quién autorizó el ingreso de los atacantes a esa zona.
El detective intentó explicarle que la investigación apenas comenzaba, pero Sloan lo interrumpió.
—¡Una mujer recibió un disparo dentro de un edificio judicial! ¡No me diga que tenga paciencia!
Después llamó a un fiscal con quien había trabajado anteriormente. Y a otro. Y finalmente a un tercero. En menos de una hora había hablado con tres fiscales, exigido una investigación rigurosa, solicitado medidas de protección para los testigos y advertido que no toleraría que el ataque terminara reducido a un informe administrativo.
Y por último llamó a su tío Connor para que les gritara él de nuevo. Cuando un oficial se presentó en el hospital para tomar declaración a Alejandra, Sloan prácticamente lo interrogó a él primero.
—¿Ya tienen identificados los vehículos utilizados? ¿Han solicitado las grabaciones del tráfico? ¿Se está investigando la relación entre el ataque y el litigio de mi cliente?
—Señor Davies, estamos trabajando en ello.
—¡Pues trabajen más rápido!
Desde la habitación, Alejandra escuchaba parte de la conversación. Samuel, que había acudido al hospital para asegurarse de que estaba bien, sonrió por lo bajo.
—Tu abogado parece dispuesto a procesar personalmente a toda la ciudad.
Alejandra soltó una risita.

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