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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 278

UVPO. CAPÍTULO 19. Una lista de acusaciones

Sloan vio el cambio en un solo segundo. Había visto a Alejandra sonreír demasiadas veces como para no saber cómo era su expresión cuando lo que estaba manteniendo era una sonrisa atornillada mientras evaluaba donde golpear.

—Depende —respondió Alejandra—. ¿Te debo dinero?

La mujer no sonrió.

—Soy Tiffany, la novia de Sloan.

Alejandra parpadeó, pero no dejó que viera que se sentía como si le hubieran dado una bofetada. Ella, que sabía absolutamente todo de los últimos casos de Sloan, no había tenido ni la más mínima idea de que Sloan tuviera novia.

—¡Ah! Qué interesante —fue lo único que salió de su boca, porque sospechaba que si ese pequeño detalle había conseguido escapársele, tenía que ser porque él lo había escondido muy bien.

—Sloan me ha contado tu situación —continuó Tiffany, y los nudillos de Alejandra se pusieron pálidos alrededor del asa de la bolsa—. Aunque debo admitir que me parece completamente inapropiado que una mujer adulta viva en el apartamento de mi novio.

—Tiffany —intervino Sloan—, Alejandra es familia. Crecimos juntos.

—Pero no son parientes de sangre —advirtió ella sin mirarlo, porque sus ojos estaban clavados en Alejandra.

—Eso no tiene nada que ver —se adelantó él—. Igual crecimos juntos.

Alejandra permaneció junto a la entrada, esperando a ver de qué lado se ponía Sloan en aquel enfrentamiento, no porque quisiera que él la eligiera sobre su novia, sino porque por primera vez no era ella la que estaba atacando.

Habría podido responder de muchas maneras, pero algo en la expresión de Sloan la hizo guardar silencio y esperar.

Tiffany, en cambio, parecía decidida a continuar.

—Comprendo que sus familias sean cercanas, pero eso no justifica que tengas que hacerte responsable de sus problemas. Es una mujer adulta, Sloan. Debería comportarse como tal.

—Tiffany, basta…

—No, cariño. Alguien tiene que decírselo. No puedes seguir resolviendo sus desastres cada vez que decide comportarse como una niña malcriada. No está bien que viva contigo, no eres un hombre soltero por más familia que seas. Y no está bien que su aburrimiento irrumpa en tu vida cada vez que ella quiere. Si eres su abogado, entonces eres su abogado, debería conocer los límites.

Alejandra bajó lentamente la bolsa al suelo y por un segundo sus ojos se detuvieron en el hombre al otro lado de la habitación. Cuando esas palabras venían de Sloan no le molestaban, su odio mutuo venía con capas extra de cariño que ninguno de los dos necesitaba divulgar. Pero ahora venían de la boca de una mujer que Alejandra ni sabía que existía, y con la que aparentemente Sloan había estado hablando sobre ella.

—Tienes razón —dijo con una calma tan radical que Sloan volvió la cabeza hacia ella en un segundo.

—Alejandra...

—No, en serio. Tienes toda la razón, Tiffany —sentenció sin una gota de emoción en la voz—. Suelo causar bastantes problemas y Sloan siempre termina ocupándose de ellos.

La mujer pareció sorprendida por aquella aceptación.

—Me alegra que lo reconozcas… —intentó tener la última palabra, pero Alejandra sonrió con tranquilidad.

—Es mi abogado, le pago para que me tolere como a cualquier otra cliente malcriada. Y ahora soy su guardaespaldas, me paga para que lo tolere como a cualquier cliente difícil. Pero no tengo ninguna intención de hacer sentir insegura a su novia como para que venga a darme lecciones de educación.

—¡Yo no…!

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