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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 275

UVPO. CAPÍTULO 16. Una amenaza

La última evaluación era la de combate físico. Cuando llegaron al gimnasio, encontraron a varios instructores realizando demostraciones sobre una superficie acolchada. Eran hombres y mujeres de complexión atlética, con años de experiencia en defensa personal y protección de terceros.

Sloan observó cómo uno de ellos derribaba a un aspirante que prácticamente lo duplicaba en tamaño.

—Esto va a ser complicado —murmuró.

Alejandra, en cambio, parecía emocionada.

—¡Por fin algo divertido!

El instructor principal explicó que evaluarían su capacidad para neutralizar amenazas, proteger a un cliente y controlar a un agresor sin utilizar fuerza innecesaria.

Alejandra se quitó las zapatillas y entró en la zona de combate. Su primer oponente era un hombre alto y musculoso que le dedicó una sonrisa cordial.

—No se preocupe, señorita. Comenzaremos despacio.

—Qué considerado.

El hombre intentó sujetarla. Tres segundos después estaba sobre la colchoneta, con un brazo inmovilizado y una expresión de absoluta sorpresa. Alejandra lo soltó inmediatamente y le ofreció una mano para levantarse.

—¿Así está bien?

El instructor principal arqueó las cejas.

—Repitamos.

Esta vez su oponente fue más cuidadoso, pero eso tampoco sirvió de mucho. Alejandra esquivó el primer intento de agarre, cambió de posición y lo derribó utilizando su propio impulso. Antes de que pudiera recuperarse, lo había inmovilizado nuevamente.

Sloan permanecía de pie junto a la pared, incapaz de apartar la mirada. Conocía la fuerza de Alejandra desde que eran niños. Había presenciado innumerables discusiones y sabía que no temía enfrentarse a nadie. Pero aquello era diferente.

No había movimientos descontrolados ni golpes impulsivos. Cada acción era precisa, calculada y sorprendentemente rápida.

El instructor decidió aumentar la dificultad y dos evaluadores entraron simultáneamente en la zona de combate.

—Debe proteger al cliente —explicó, señalando a un tercer instructor—. Su objetivo es impedir que los agresores lleguen hasta él.

Alejandra asintió. Cuando comenzó el ejercicio, se interpuso entre el supuesto cliente y los atacantes. Evitó el primer intento de aproximación, hizo perder el equilibrio a uno de los hombres y obligó al segundo a retroceder. Después controló al primero y neutralizó al otro antes de que pudiera alcanzar al protegido.

Todo terminó en menos de medio minuto, y uno de los instructores soltó una carcajada mientras se incorporaba.

—¿Dónde demonios aprendió a hacer eso?

—En casa —respondió Alejandra alegremente.

Y Sloan sintió un impulso irresistible de llamar a su tío y preguntarle qué clase de infancia había tenido aquella mujer.

La evaluación continuó con varios enfrentamientos. Alejandra sometió a distintos instructores, adaptándose a sus tamaños y estilos, sin perder la calma ni utilizar más fuerza de la necesaria. Cuando terminó, estaba ligeramente despeinada, pero seguía sonriendo.

Sloan, por el contrario, parecía haber envejecido diez años.

—¿Me quieres explicar por qué rompes narices si puedes neutralizar gente sin hacerlo? —la acusó.

—¡Ah, porque por no hacerlo me pagaría! Si no hay cliente de por medio, al menos tengo que tener un incentivo. A veces ver correr sangre me calma los nervios —respondió ella con una sonrisa luminosa y Sloan le hizo un gesto como si quisiera ahorcarla y no pudiera.

Poco después, el director del centro los recibió en su despacho. Era un hombre de unos cincuenta años, de expresión severa y modales profesionales. Había observado personalmente las últimas pruebas y parecía genuinamente impresionado.

—Señorita Rivera, sus resultados son extraordinarios. No vemos frecuentemente candidatos que destaquen en todas las áreas.

—Gracias.

—Una vez completados los trámites administrativos correspondientes, podrá obtener la acreditación que necesita para ejercer como guardaespaldas. De hecho, quisiera hacerle una propuesta. Aztra Security está contratando personal especializado. Tienen varias vacantes y creo que su perfil les interesaría muchísimo.

Alejandra sonrió.

—Lo sé.

El hombre pareció sorprendido.

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