UVPO. CAPÍTULO 14. Una mujer llena de sorpresas
Sloan seguía mirando la pantalla con el resultado del examen cuando Alejandra regresó de los vestidores. Se había recogido el cabello en una coleta más alta y llevaba una expresión de satisfacción que él conocía demasiado bien.
—¿Qué te dijo el instructor? —preguntó ella, acercándose.
Sloan se quitó los lentes y comenzó a limpiarlos, aunque estaban perfectamente limpios.
—Me dijo algo bastante interesante.
—¿Que soy maravillosa?
—Que acabas de demostrar un conocimiento extraordinario de legislación, protocolos de seguridad y uso proporcional de la fuerza.
—Gracias. Siempre he sido una mujer muy bien preparada —respondió ella con un guiño coqueto.
—Lo que significa que conoces perfectamente las leyes que infringes. ¡Solo no les haces caso porque no te da la gana! ¡Sabes exactamente lo que estás haciendo y decides hacerlo de todas formas!
Alejandra parpadeó con inocencia y luego soltó una carcajada tan sonora que varios candidatos se volvieron a mirarlos.
—¡Ay, Superboy! ¿De verdad necesitabas un examen de cien preguntas para descubrirlo? —le dijo con suavidad—. No es que no quiera cumplirlas, es que tengo cierta resistencia a la autoridad, nada más.
El abogado abrió la boca, pero volvió a cerrarla. Aquello era considerablemente peor de lo que había imaginado. Durante años había atribuido buena parte de los problemas de Alejandra a su impulsividad y falta de juicio. Ahora descubría que aquella mujer conocía las consecuencias legales de sus actos y, sencillamente, consideraba que algunas personas merecían el esfuerzo.
—¡Eres desesperante! —exclamó.
—Y tú muy lento para sacar conclusiones, Superboy.
Antes de que pudiera responder, una coordinadora apareció para anunciar la segunda evaluación para los que habían pasado la primera ronda: el examen psicológico.
Sloan recuperó inmediatamente el optimismo. Aquella prueba sí estaba seguro de que Alejandra no conseguiría superarla. La evaluación estaba dirigida por una psiquiatra especializada en selección de personal de seguridad. Incluía pruebas de personalidad, control emocional, tolerancia al estrés, toma de decisiones y una entrevista individual.
Alejandra entró en el consultorio mientras Sloan se instalaba en la sala de espera. Por primera vez desde que habían llegado, consiguió relajarse, aunque una parte pequeña de él, una considerablemente pequeña, sentía algo de culpa por esperar que Alejandra fracasara.
Pero no podía haber otro desenlace, una cosa era memorizar la legislación y otra muy distinta convencer a una profesional de que una mujer con dieciséis detenciones por agresión era adecuada para proteger a otras personas.
Dos horas después, Alejandra salió con una sonrisa más ligera que falda de Marilyn Monroe.
—¿Ya terminaste? —preguntó Sloan.
—Sí.
—¿Y?
—La doctora dará sus resultados en breve.
Sloan se levantó, preparado para recibir una explicación sobre los problemas de conducta de su loca a cargo. Y la psiquiatra los recibió a ellos y a dos instructores con una carpeta entre las manos.
—Señores, hemos terminado la evaluación. La señorita Rivera obtuvo resultados sobresalientes.
Sloan levantó al cabeza como un resorte.
—¿Sobresalientes?
—Exacto. Presenta una excelente capacidad de análisis bajo presión, un nivel muy alto de tolerancia al estrés y una notable estabilidad emocional en situaciones de peligro.
Sloan volvió lentamente la cabeza hacia Alejandra y ella le sonrió.

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