Entrar Via

7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 272

UVPO CAPÍTULO 13. Una prueba

Sloan la observó durante varios segundos. No podía decir que aquello le agradara, que lo viera bien… para ser honesto es que ni siquiera lo veía. ¡Todo lo que tenía que ver con Alejandra acababa siendo un despropósito! Pero la demonia de Tasmania aquella ahora estaba bajo su tutela, y si no lograba mantenerla neutralizada durante seis meses, entonces su humilde hogar jamás volvería a ser el agujero de hobbit en la tierra que él quería que fuera. Bueno, un agujero con vista al Upper East Side, pero suyo, tranquilo, pacífico…

—Superboy. ¿me estás escuchando o te saco el vibrador?

—¡Estoy de acuerdo! —vociferó él de repente, porque sabía que ella era capaz de todo.

Teniendo en cuenta lo que estaba pasando, necesitaba encontrar algo positivo en aquella locura: un curso de formación podía mantenerla ocupada durante semanas. ¡Eso era lo que necesitaba!

—Está bien. Te conseguiré un programa de entrenamiento —consintió con un suspiro de resignación, pero la risa condescendiente de Alejandra lo hizo envararse.

—¿Entrenamiento? Superboy, yo no necesito entrenamiento. Iré directamente a las pruebas —sentenció ella.

La sonrisa desapareció del rostro del abogado más rápido que una hamburguesa en comedor adolescente.

—¿Estás bromeando? —gruñó porque aquello tenía que ser, en efecto, otra broma de Alejandra.

—No. Llévame. Ya me viste pelear. Puedo pasar la prueba con los ojos cerrados —aseguró ella y Sloan se dejó caer en la silla más cercana con la ansiedad de un padre que necesita explicarle al hijo que es idiota de la forma más amable posible.

—Alejandra, ser guardaespaldas no es nada más patear traseros olímpicos…

—¡Uy, uy, entendí esa referencia! ¡Eres Hades! —aplaudió ella—. Igual de malgenioso…

—¡Presta atención! No puedes ir dando patadas por la vida y creer que eso alcanza. Tendrás que hacer exámenes, aprender a manejar armas, ¡hasta te harán una prueba psicológica! Necesitas prepararte para eso —intentó convencerla y la vio quedarse pensativa.

—Bien dicho, bicho —aceptó ella por fin—. Usaré el tiempo necesario para prepararme… y me presentaré mañana. Hazte espacio y me llevas.

—¿Mañana? —exclamó él porque no podía creer que ella de verdad hiciera oídos sordos a su explicación tan detallada de los requisitos.

—¿Tienes algún compromiso más importante que seguir vivo? —preguntó ella y Sloan se echó atrás con expresión agotada.

Pero de nada servía tratar de convencerla, así que esta noche pidió comida (para evitar que cocinara, por supuesto) y al día siguiente a las nueve de la mañana se vio a sí mismo entrando en un centro privado de evaluación de seguridad profesional, preguntándose cómo había permitido que Alejandra lo convenciera.

—Lo único bueno de esto es que por fin alguien va a bajarte de la nube —murmuró porque había elegido deliberadamente el más famoso y el más difícil.

—¿Qué dijiste?

—¡Nada! —reaccionó él.

A su lado Alejandra llevaba botas altas sin tacón, pantalones ajustados y chaqueta de cuero. Un moño estratégicamente desordenado y un exceso de confianza que casi le provocaba a Sloan vergüenza ajena.

El centro ofrecía pruebas de nivel para candidatos que aspiraban a trabajar en protección personal. Superarlas no concedía automáticamente una licencia, pero permitía determinar su preparación y acceder al proceso de acreditación correspondiente.

Sloan había aceptado acompañarla como supervisor y responsable de su inscripción. Alejandra, por supuesto, parecía encantada.

—¡Mira cuánta gente musculosa! —comentó mientras recorrían las instalaciones.

—Compórtate.

—Estoy admirando el esfuerzo ajeno —murmuró ella y Sloan no supo por qué, pero le molestó particularmente que ella estuviera mirando abdómenes ajenos.

—¿Es una maldita regla no ponerse camiseta? ¿Esto qué es, un examen de guardaespaldas o un puto concurso de modelos? —rezongó.

—¿Qué pasa Superboy? ¿Te da envidia no tener cuadritos?

—La calidad de mis cuadritos no está en discusión aquí, solo por qué tú tienes que pasar medio día viendo lo de un montón de hombres extraños —alegó Sloan.

—¡Aaaaah! ¿Entonces si veo los de hombres conocidos no estaría tan mal? —preguntó ella—. ¿Me enseñas los tuyos?

—¡Alejandra!

—Oye no seas egoísta. Si no quieres que vea otros, tienes que enseñarme los tuyos, no puedes someterme a celibato visual somo porque eres un celoso perdido.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS