Entrar Via

7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 270

UVPO. CAPÍTULO 11. Una mujer con mala suerte

Corey Morton había llegado acompañado por dos sujetos enormes, convencido de que podría intimidar a un abogado. Ahora uno de sus secuaces estaba tendido junto a una maceta rota y el otro suplicaba que una mujer mucho más pequeña lo soltara. La situación no se parecía demasiado a lo que había imaginado.

En ese momento aparecieron dos guardias de seguridad, alertados por los gritos y el ruido de los muebles.

Alejandra les entregó al hombre que mantenía inmovilizado y señaló a los otros dos.

—Son tres. El grandote de allá es el jefe de la excursión —sonrió.

Los guardias esposaron a Morton y a sus acompañantes mientras la recepcionista llamaba a la policía. Solo entonces Alejandra se acomodó la chaqueta, recogió su bolso del mostrador y comprobó que no se hubiera roto ninguna uña.

Todo había durado menos de un minuto, y Sloan permanecía completamente inmóvil. Tenía la corbata torcida, los lentes ligeramente desplazados y una expresión que Alejandra jamás le había visto.

—¿Qué? —preguntó ella.

Él contempló a los tres hombres sometidos por los guardias y después volvió a mirarla.

—¿Qué demonios acaba de pasar? —murmuró y ella abrió mucho los ojos, mirándolo como si se hubiera golpeado la cabeza sin que ella se diera cuenta.

—Tres idiotas intentaron golpearte. Yo se lo impedí. De nada. ¿Sí te acuerdas de eso, verdad? —preguntó por si acaso.

—¡Claro que me acuerdo! ¡Acabas de derribar a tres hombres! —siseó él sin perder aquella expresión consternada y ella retrocedió.

—Sé contar, Sloan. No tienes que ponerte pesado con eso. Las cámaras de seguridad grabaron todo, no creo que se atrevan a demandarme estos, tienen mucha cola que les pisen….

—¡Eran mucho más grandes que tú, y eran tres! —exclamó él y Alejandra frunció el ceño.

—¿Y eso qué tiene que ver? —se escandalizó—. ¿También me vas a cobrar por la cantidad? Acabo de salvarte el pellejo, al menos cóbrame como si solo le hubiera dado una paliza a uno. Quiero decir, entran dentro del mismo expediente, ¿no?

Pero lo que Alejandra no había entendido hasta ese momento era que Sloan no estaba espantado por la legalidad del hecho, sino porque decir “Alejandra golpea a la gente” era una cosa, y verla reducir a tres tipos era otra cosa muy diferente.

No era una improvisada, no era una desquiciada impulsiva que de repente solo quería ver correr sangre desde la nariz de alguien. Era una peleadora entrenada, metódica, feroz y sobre todo, asquerosamente controlada, que se había limitado a romper una muñeca cuando podía haber roto cabeza, brazos piernas y hasta columnas vertebrales.

—Alejandra, acabas de incapacitar a tres hombres en menos de un minuto… —murmuró como si la estuviera viendo realmente por primera vez.

—Cuarenta y siete segundos, aproximadamente —corrigió ella, consultando el reloj—. Aunque perdí unos cuantos, porque estaba tratando de protegerte, eso siempre es un fastidio. ¡Pero oye, un minutito de tu cámara de seguridad puede sacarme del apuro! Tú vas a testificar a mi favor esta vez, ¿verdad?

Sloan contempló a los tres hombres tirados sobre la alfombra. Después miró a Bennett, que seguía protestando mientras los guardias lo sujetaban.

Por primera vez en todos los años que llevaba conociéndola, parecía no saber qué decir.

—Me acabas de salvar de una paliza —murmuró por fin, como si una parte de su cerebro que no recordaba el orgullo hubiera hablado sola.

—Sí. Y considerando las veces que me has sacado de la cárcel, creo que estamos empezando a equilibrar nuestras cuentas —le dijo ella con un guiño.

Alejandra suspiró, le quitó la paleta que él todavía tenía en la mano y se la llevó a la boca. Podía besarlo, chuparle el mismo caramelo no era para tanto.

—¿Cómo hiciste eso? —preguntó él de repente y la mirada de la muchacha fue genuinamente incrédula.

—Sloan, mi padre salió invicto de las jaulas clandestinas. ¿Qué creías que hacía yo exactamente cuando iba al gimnasio?

—Este… pensé que entrenabas para mantenerte en forma. Y que abofeteabas a mucha gente.

Ella soltó una carcajada sonora.

—¡Ay, cariño! Eres adorablemente ingenuo. Mi hermano sacó la aventura de mi padre… pero las jaulas… Superboy, las jaulas las heredé yo.

La policía llegó poco después. Los agentes revisaron las cámaras de seguridad y comprobaron que Morton había iniciado la agresión. Las imágenes mostraban claramente cómo Alejandra había intervenido para proteger a Sloan y había inmovilizado al hombre sin continuar golpeándolo.

UVPO. CAPÍTULO 11. Una mujer con mala suerte 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS