UNA VIDA PARA ODIARTE.
Sinopsis.
—¿Otra vez en la cárcel, Alejandra? —preguntó Sloan, contemplándola a través de los barrotes—. Es la cuarta vez que tengo que sacarte este año. ¡Y estamos en febrero!
Alejandra se incorporó sobre la banca donde había estado durmiendo plácidamente y le dedicó una sonrisa radiante.
—¡Llegaste, niñero! ¿Pagaste la fianza o viniste a regañarme?
—Estoy considerando seriamente dejarte aquí. Quizás unas semanas de encierro consigan lo que tu familia no ha logrado en toda tu vida.
—Qué carácter tan desagradable. Necesitas una novia, cariño.
—Y tú necesitas un abogado, un psicólogo y posiblemente un exorcista.
Alejandra soltó una carcajada. Sloan había sido el niño más insoportable de su infancia y ahora era el abogado más insoportable de Nueva York. Llevaban toda la vida discutiendo, pero, por alguna razón, siempre terminaba siendo él quien acudía a rescatarla de sus desastres.
Lo que ninguno esperaba era que un juez decidiera poner fin a aquella costumbre obligándolos a vivir bajo el mismo techo.
La pregunta es ¿cómo podrán sobrevivir a esa convivencia un abogado impecable, obsesionado con el orden y las reglas, y una heredera millonaria que acumula dieciséis detenciones por agresión, considera las normas una sugerencia y disfruta especialmente haciéndole perder la paciencia?
UNA VIDA PARA ODIARTE. CAPÍTULO 1. Servicio de niñera, las veinticuatro horas
A las tres y siete minutos de la madrugada, Sloan descubrió que existían pocas cosas más desagradables que el sonido de su teléfono interrumpiendo un sueño perfectamente reparador. Una de ellas era ver el nombre de su tío en la pantalla.
No porque tuviera nada contra aquel hombre. Al contrario, lo quería como a un segundo padre. El problema era que, durante los últimos años, sus llamadas a horas indecentes solo significaban una cosa: Alejandra.
Sloan contempló el teléfono durante tres timbres, considerando seriamente la posibilidad de fingir su propia muerte, pero finalmente contestó.
—¿Sí?
“Muchacho, necesito pedirte un favor”. Dijo del otro lado Darío Rivera, y Sloan cerró los ojos, llevándose una mano a la frente.
—¿Y ahora qué hizo Alejandra? —El silencio al otro lado de la línea fue suficientemente elocuente—. Tío, por favor...
—Está en la cárcel.
Sloan se incorporó tan bruscamente que estuvo a punto de golpearse la cabeza contra la cabecera.
—¡Es la cuarta vez que tengo que sacarla de prisión este año! ¡Y estamos en febrero! —escandalizó.
“Lo sé, hijo, pero no hace falta que grites. Ya tengo bastante con tu prima”.
—¡No es mi prima! ¡Es una delincuente en potencia! —gruñó Sloan.
“Bueno, crecieron juntos. Eso tiene que contar para que le perdones algo. ¿No?”
—Precisamente que no compartamos material genético es lo único que me calma. De lo contrario, habría solicitado una prueba para determinar qué salió mal.
Su tío soltó una carcajada. Sloan era el hijo adoptivo de uno de sus mejores amigos, pero habiendo llegado a la familia siendo un bebé, ya se sentía parte de la genética familiar.
—¿Qué hizo ahora? —preguntó Sloan con un suspiro de resignación mientras se bajaba de la cama.
“Golpeó a un hombre durante una fiesta”.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS