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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 259

Epílogo.

Había hombres con ganas de morir… y luego estaba el caso de Byron Blackwood, que sin vergüenza y mucho menos sin sentido de la autopreservación, se plantó un martes cualquiera a la hora del desayuno en la mansión Orlenko, justo cuando para su desafortunada casualidad, estaban reunidos los trillizos. O sea el padre de su futura esposa y sus dos hermanos, midiendo el “futura esposa” precisamente por su capacidad de sobrevivir a aquel desayuno.

—Señor, necesito hablar con usted —carraspeó después de saludar a todos y Yuri hizo una mueca.

—¡Joder, le dijo “señor”!

—Ya está muerto y no lo sabe —rio Kolya—. Esto no pinta para nada bueno.

Byron parpadeó medio aturdido pero continuó con su mejor determinación.

—Quiero casarme con Giulia. —declaró casi a gritos y Aleksei guardó silencio—. Sé que no necesito tu autorización y ella tampoco. Giulia decidirá por sí misma. Pero quiero pedirte su mano porque usted es su padre y porque quiero hacerlo bien.

Aleksei lo estudió durante varios segundos.

—¿La amas?

—Sí.

—¿Porque recuperaste los recuerdos?

A aquellas alturas todo el mundo ya se sabía el chisme, porque Kolya se había encargado de cubrir la mitad del chisme y Katerina la otra mitad.

—No. —Byron negó inmediatamente, porque esa era la más absoluta verdad—. Me enamoré de ella antes de recuperarlos. Los recuerdos solo me devolvieron la primera vez que ocurrió. Pero igual ya estaba jodido. Esa mujer me va a gustar hasta cuando sea zombi.

Yuri apretó los labios y los trillizos se miraron como si no tuvieran más remedio, después de todo, aquello no tenía vuelta atrás, Giulia lo amaba, él la amaba, y estaba dispuesto a correr el riesgo delante de tres Orlenko así que…

—Entonces tienes mi permiso —dijo por fin—. Ahora siéntate a tomar un café y a escuchar todas las amenazas.

Byron carraspeó y los miró un poco aturdido.

—¿Amenazas?

Kolya levantó un dedo.

—¡Por supuesto! Empezamos con “Si vuelves a hacerla sufrir...” y continuamos enumerando todas las formas posibles de tortura que te haremos pasar si esa condición se cumple.

—Adivino que pueden ser muchas —carraspeó Byron.

—No tienes idea. Incluso tenemos un amigo que tiene un terrario gigante con escorpiones —sonrió Yuri—. Creo que te caería bien.

—No tan bien, no tan bien —tosió Byron espantado—. Ya sé dónde va esto.

—No. No lo sabes. Tenemos mucha familia que todavía no conoces —sonrió Kolya.

—Eso resulta innecesariamente amenazante.

—Era la intención.

Pero había mucha más intención de la que declaraban.

Pocos días después, Byron estaba suficientemente recuperado para salir a cualquier sitio que no fuera su departamento o la mansión Orlenko sin que Giulia amenazara con llamar a un médico cada vez que hacía un movimiento brusco.

—¿Adónde vamos? —preguntó ella cuando entraron en un edificio del centro.

—Es una sorpresa —sonrió él.

Subieron hasta uno de los últimos pisos, y cuando Byron abrió la puerta, Giulia encontró un penthouse completamente vacío.

Epílogo. 1

Epílogo. 2

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