10 AÑOS… CAPÍTULO 46. Recuerdos
Byron abrió la boca, quizás para protestar, pero terminó cerrándola.
—Las familias están revueltas. Los medios están sobre nosotros —sentenció Alexei con voz firme—. Será mejor que descansen unos días, si es donde nadie los vea, mejor.
—A mí me parece un argumento razonable —murmuró Byron encogiéndose de hombros a pesar de que le dolían bastante.
—Ok… entonces… me lo llevo —dijo Giulia como si realmente no fuera tan importante… pero lo cierto fue que no dejó salir a Byron de aquel departamento en varios, día, y no fue precisamente porque su padre lo sugiriera.
Las siguientes semanas fueron un pequeño caos. La prensa descubrió rápidamente la identidad de Amanda y su relación con Byron. Después aparecieron detalles sobre su cambio de nombre, el accidente ocurrido diez años atrás y la investigación actual. Los periodistas mezclaron aquella historia con todos los demás escándalos que rodeaban a los Blackwood hasta convertir el apellido en una fuente inagotable de titulares.
Byron empezó a bromear con que necesitaban contratar una segunda empresa de relaciones públicas exclusivamente para desmentir la primera. Pero, paradójicamente, mientras el exterior se volvía más caótico, los Blackwood y los Orlenko parecían entenderse cada vez mejor.
Quizá porque ya habían agotado casi todas las razones posibles para matarse, y ahora solo quedaba gente herida, coja, o embarazada.
Así que ahora Byron podía aparecer con naturalidad en propiedades de los Orlenko sin que le echaran a los perros; y Giulia entraba en Blackwood Holdings sin que nadie se sorprendiera. Alexei había dejado de observar a los chicos Blackwood como si estuviera calculando dónde enterrarlos, lo que ya se consideraba un progreso extraordinario.
Y la situación entre Jordan y Katerina también parecía haber cambiado después de todo lo ocurrido. Pero justo cuando por primera vez en meses Byron llegó a pensar que quizá las cosas empezaban a tranquilizarse, el universo tardó aproximadamente veinticuatro horas en castigarlo por semejante optimismo.
Estaba revisando informes en su despacho cuando Jordan lo llamó, y su voz sonaba demasiado agitada.
—Dime.
“Manda un equipo de seguridad al hospital inmediatamente”.
Byron dejó el bolígrafo. No necesitaba preguntar cuál porque últimamente su primo y él se informaban de sus movimientos para estar pendientes uno del otro.
—¿Un equipo de seguridad?
“¡No! Mejor dos. Quiero dos equipos completos, camionetas blindadas, dos rutas diferentes de salida...”
Byron se levantó.
—Jordan, cálmate. ¿Qué demonios está pasando?
Escuchó voces al otro lado. Pasos. Una puerta. Luego Jordan volvió a hablar.
“Quiero un equipo en cada salida. Nadie se acerca sin identificación. Y necesito vehículos preparados”.
Para ese momento Byron ya estaba abriendo el sistema interno de seguridad desde el ordenador. Tecleó una orden y envió la ubicación.
—Dos equipos. Vehículos blindados. Ahora habla.
Jordan tardó unos segundos en responder. Byron escuchó a alguien hablar cerca de él, pero no consiguió entender las palabras. Entonces la voz de su primo regresó, mucho más baja.
“Byron, localiza a mi padre. Necesito saber dónde está”.
Byron sintió que algo volvía a apretarse dentro de su pecho.
“Necesito saber que está bien”.
Y el problema real no era localizar a su tío, sino el por qué. Jasmine y Angela de alguna manera habían conseguido salir de la prisión preventiva, y ahora Jordan estaba con los pelos de punta por lo que pudieran hacer.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS