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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 252

10 AÑOS… CAPÍTULO 43. Un pedal muerto

Byron encendió el motor y salió del estacionamiento. Durante los primeros minutos no ocurrió nada. Se incorporó al tráfico, avanzó varias calles y se detuvo en dos semáforos mientras Giulia le contaba algo sobre una galería.

Entonces el tránsito disminuyó la velocidad delante de él. Byron pisó el freno, pero el pedal bajó demasiado sin que nada pasara. Frunció el ceño y volvió a pisarlo, pero el automóvil apenas redujo la velocidad.

—Espera…

“¿Qué pasa?” preguntó Giulia y Byron bombeó el pedal mientras un sudor frío empezaba a correrle por la nuca.

Nada. El vehículo continuó avanzando.

—Mierd@...

“¿Byron?” Solo su voz bastó para que Giulia reaccionara.

—Mis frenos están fallando —jadeó él y hubo un segundo de silencio absoluto hasta que la comprensión les llegó a los dos como una bofetada.

“¿Qué?...”

—No tengo frenos.

“¡Byron!”

Él cambió de carril evitando un automóvil.

—No grites… tranquila, solo… necesito concentrarme.

Al otro lado escuchó un jadeo ahogado y la voz de Giulia intentando parecer más controlada de lo que en realidad estaba.

“¿Dónde estás?”

Byron le dio el nombre de la avenida mientras intentaba desesperadamente esquivar varios autos. Le había sacado por completo el pie al acelerador, pero eso no bastaba.

Al otro lado de la llamada escuchó movimiento, una puerta abriéndose violentamente y después la voz de Giulia:

“¡Papáááááááá!”

Byron apretó el volante. El tráfico frente a él volvía a acumularse y no podía detenerse. Tampoco podía elegir con qué chocar sin causar demasiado daño, no sabía en qué coche podía un niño, o sobre qué acera no aparecería un peatón a último minuto.

Movió el vehículo hacia el carril con mayor espacio y pasó entre dos automóviles mientras las bocinas estallaban alrededor.

“¡Alguien manipuló el auto de Byron!” escuchó gritar a Giulia.

“¿¡Qué!?” La voz de Alexei apareció más lejos.

“¡No tiene frenos!”

Byron escuchó pasos apresurados y luego la voz del padre de Giulia mucho más cerca.

“Byron, ¿me escuchas?”

—Sí, señor —respondió él respirando entrecortadamente.

“¿Puedes tratar de salir de la ciudad? ¿Puedes llegar a una carretera?”

—Puedo intentarlo —respondió él—. Hay una salida a dos kilómetros. Si no choco antes, intentaré tomarla…

“Entonces busca espacio” le indicó Alexei. “Necesito un poco de tiempo y tú necesitas una carretera donde puedas maniobrar”.

—Lo sé.

Giulia recuperó el teléfono unos segundos después.

“Byron...”

—Estoy bien.

“No estás bien. ¡Estás conduciendo un auto sin frenos!”

—Detalles —intentó calmarla él, pero solo le salió un jadeo bajo.

“¡Maldición! ¡No hagas bromas!”

—Si dejo de hacerlas, entonces preocúpate.

Un semáforo cambió delante de él en ese instante. Rojo.

—¡¡¡Mierd@!!! —fue el único rugido bajo que se escuchó.

Byron miró hacia ambos lados y giró bruscamente por una calle lateral antes de llegar a la intersección. Un taxi tocó la bocina mientras él pasaba demasiado cerca.

“¿Qué pasó?” —gritó Giulia.

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