10 AÑOS… CAPÍTULO 42. Una mujer peligrosa
Byron supo que algo había ocurrido apenas puso un pie en la empresa Orlenko.
La recepcionista lo miró y bajó los ojos demasiado rápido. Dos empleados que conversaban junto a los ascensores dejaron de hacerlo cuando pasó a su lado y, cuando llegó a la planta donde estaba el despacho de Giulia, tres personas lo observaron con una mezcla bastante evidente de curiosidad y diversión.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó a la asistente de Giulia y esta carraspeó.
—No, señor Blackwood.
—¿En la ropa?
—Tampoco.
—Entonces aquí ocurrió algo —murmuró Byron achicando los ojos con sospecha y por la cara de la mujer supo que no se equivocaba.
—Eso tendrá que preguntárselo a la señorita Orlenko.
Byron respiró hondo y abrió la puerta de la oficina, donde Giulia ya estaba guardando sus llaves en el boso para salir.
—¿Qué pasó? —fue su primera pregunta y ella levantó la cabeza.
—Buenas tardes para ti también, amor.
—Todo el mundo me mira raro. ¿De qué forma la cagué que todavía no me he enterado?
—¡Ah, eso! —suspiró ella.
—¿Qué es «eso»?
Giulia recogió su bolso con absoluta tranquilidad.
—Amanda estuvo aquí —respondió y Byron dejó de sonreír.
—¿Qué?
—Vino a montar un espectáculo. Me llamó “amante” delante de media empresa, dijo que me había metido entre ella y su prometido y trató de convencer a todo el mundo de que destruí su maravillosa relación de diez años.
La mandíbula de Byron se endureció en un segundo.
—¿Te hizo algo?
—No.
—¡Giulia!
—Bueno… la agresión no ocurrió precisamente de su lado. Digamos que fui yo quien le acomodé los pensamientos con una bofetada.
Byron la miró fijamente.
—¿Le pegaste?
—Solo una vez. Tengo un autocontrol admirable —sentenció Giulia, pero el no rio, su mente estaba en un problema mucho mayor.
—Voy a solicitar una orden de restricción de inmediato.
—Byron...
—¡ No! A mí también vino a verme. Le advertí… ¡Maldición, le advertí que no se te acercara! ¡No quería que volviera a molestarte, y fue lo primero que hizo!
—OK, pero no es como si pudiera hacerme mucho. Tengo seguridad —intentó tranquilizarlo ella.
—No me importa. Ya apareció en el funeral, fue a buscarme a Blackwood Holdings y luego vino hasta aquí para atacarte públicamente. ¡Se está pasando!
Giulia se acercó y acarició se brazo por encima de la camisa. No quería convertir aquello en una guerra contra Amanda, pero tampoco podía ignorar las señales que veía.
—No cometas el error de subestimarla —dijo por fin.
—No lo hago.



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