10 AÑOS... CAPÍTULO 38. Bajo techo enemigo
Entrar a la mansión de los Orlenko era lo más cerca que Byron había esperado estar de ver un unicornio o algo así. Si era honesto, creía más en la posibilidad de ser arrastrado adentro con las piernas sangrando y salir embalsamado y listo para un horno de cremación. Pero contra todo pronóstico, su “suegro” le había palmeado la espalda un par de veces y fingía que no sabía por qué era él el que lo estaba sacando de la cárcel.
Cuando llegaron, en los escalones ya los esperaba Giulia, con un vaso de vodka en las manos y la mirada de una depredadora que acaba de ver a la presa. A su lado una señora mayor se paraba con paciencia.
—El vodka es para el cuerpo, el baño del cuarto de invitados es para el olor que traes en él —sentenció Giulia con tono educado, extendiéndole el vaso antes de mirar a la señora del servicio—. Mirtha te guiará, yo me encargaré de las llamadas difíciles.
Byron tomó el vaso de su mano y lo bajó de un trago. Y los dos se quedaron mirándose a los ojos el tiempo suficiente como para estremecerse al menos una vez.
Después de eso solo vino un caos controlado. Contar todo lo que sabía, lo que le había pasado a Jordan, y luego acompañar a las hermanas Orlenko y a su asociado delictivo para que se colaran en la mansión Blackwood y pudieran saber de Jordan. Su primo no estaba en su mejor momento, por supuesto, pero estaba vivo y al menos ahora tenía comunicación directa con Katerina y un plan para sacarlo de las garras de Jasmine y Angela.
Cuando regresaron a la mansión Orlenko era bien entrada la madrugada.
La casa estaba completamente en silencio, y Byron apenas podía mantener los ojos abiertos.
—Ven —murmuró Giulia mientras subían las escaleras—. Hay habitaciones de invitados en este lado.
—Puedo irme a un hotel…
—Son casi las tres de la mañana.
—Precisamente. A estas horas tu padre probablemente duerme y todavía puedo escapar con vida.
Giulia lo miró por encima del hombro.
—Mi padre no va a matarte.
—Eso dices porque eres su hija.
Giulia soltó una risa cansada. Luego abrió una habitación y encendió la luz. Era amplia, con una cama enorme, un pequeño salón junto a las ventanas y un baño privado.
—Puedes dormir aquí.
Byron entró y miró la cama como un náufrago contemplando tierra firme.
—Te amo.
Giulia se quedó inmóvil y él señaló la cama.
—A ella. En este momento la amo a ella.
—Imbécil…
—Pero tuyo —sonrió Byron acercándose y dejándole un beso suave en los labios—. Buenas noches, Gio.
Giulia salió y cerró la puerta; y Byron ni siquiera se desvistió completamente. Se quitó los zapatos, la camisa y el pantalón, dejó todo donde cayó y se metió bajo las sábanas. No tardó ni dos minutos en quedarse dormido, quizás por eso, cuando despertó sintiendo un peso sobre su cuerpo, su primer pensamiento fue que su suegro lo había lanzado a arenas movedizas o algo así.
Abrió los ojos de golpe y vio una silueta encima de él.
—¿Qué demonios...?
—¡Shhh!
Byron reconoció la voz antes de distinguir el rostro.
—¿Giulia?
—No. El fantasma de una exnovia olvidada.
Byron dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada, con un suspiro dramático.
—Casi me matas del susto.
—Cobarde —rio Giulia.

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