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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 248

Tuvo que ingeniárselas, siendo honestos. Giulia era de naturaleza escandalosa, y el estrés que habían acumulado todos esos días hacía que fuera mucho más difícil contenerse.

Pero finalmente se quedaron acurrucados uno contra el otro, respirando pesadamente.

—A partir de mañana nos quedamos en tu departamento o en el mío —advirtió Byron rodeándola con sus brazos.

—Y a partir de pasado mañana vas a enterarte de muchas cosas difíciles —le dijo Giulia acariciando su pecho.

—¿No puedes decírmelas ahora? —la interrogó él.

—No son secretos míos para contar, pero te juro que no te estoy ocultando nada que vaya a lastimarte, ¿de acuerdo?

Los ojos de Byron la recorrieron y enmarcó su rostro entre sus manos.

—Giulia… con todo lo que hemos pasado, no creo que nuestra relación o lo que sea que tengamos aguante una mentira más —murmuró preocupado.

—Lo sé, y te juro que este es el último secreto entre nosotros, solo… confía en mí, por favor.

Byron dejó escapar un largo suspiro y la abrazó con fuerza.

—La última, Gio. Por favor, que sea la última.

Pero además de la última iba a ser la más impactante, porque dos días después, mientras Byron regresaba a las Oficinas Blackwood para intentar impedir que Angela y Jasmine se quedaran con el control de la empresa que le pertenecía a su primo, el hombre que entró por la puerta principal lo dejó clavado en su asiento.

Emerson Blackwood, su tío, su supuestamente muerto tío, avanzó unos pasos más hasta quedar bajo la luz de la sala, levantó la vista y recorrió uno por uno los rostros de los presentes.

—Lamento el retraso —dijo con una voz cansada, pero inconfundible—. Espero que la reunión todavía no haya terminado.

Byron se quedó en shock, porque delante de todos estaba la prueba irrevocable de que el dueño y fundador de Blackwood Holdings no había muerto.

Habían asistido a su funeral, habían visto su urna y habían llorado su pérdida. Y, sin embargo, allí estaba, respirando, caminando, con el cabello más blanco que antes, el rostro mucho más delgado y un bastón sosteniendo parte de su peso, pero inconfundiblemente vivo.

Jasmine llevó una mano temblorosa hasta su pecho y no hubo teatro en ese gesto, solo terror.

—No... —susurró dando un paso hacia atrás—. No... esto no es posible. —Su respiración comenzó a acelerarse—. ¡No puedes estar vivo!

Pero Emerson ni siquiera la miró, porque Byron reaccionó antes que nadie. Con el rostro completamente desencajado, rodeó la mesa casi corriendo hasta detenerse frente a su tío. Durante unos segundos solo lo observó, como si necesitara convencerse de que no estaba viendo una ilusión, y después lo abrazó con fuerza.

—Tío… —Su voz terminó quebrándose, y desde la puerta Giulia lo miró con una ternura que ni trató de evitar—. Pensé... todos pensamos...

Emerson apoyó una mano sobre su espalda.

—Lo sé.

Byron se apartó apenas para volver a mirarlo de arriba abajo.

—Pero... ¿cómo estás de pie? Todos creíamos que la ELA te había consumido por completo. Apenas podías moverte… —Bajó la vista hacia el bastón—. ¡Y ahora estás caminando! ¿Qué pasó? ¿Encontraron una cura? ¿Fue... un milagro?

Una leve sonrisa apareció en el rostro cansado de Emerson.

—Fue un milagro que alguien me salvara la vida —sentenció y toda la sala guardó silencio—. No me curé de la ELA, simplemente dejaron de envenenarme.

Y esa era confirmación de que Jasmine y Angela no habían cruzado cualquier línea posible con tal de apoderarse de la empresa, incluyendo un intento de asesinato. Lo único que aliviaba a Byron en todo aquello era que, si su tío jamás había tenido aquella terrible enfermedad, entonces su primo tampoco la tenía.

Byron salió de la oficina como si el suelo hubiera cambiado de consistencia bajo sus pies, pero Giulia estaba esperándolo en el pasillo. En cuanto lo vio, dejó de apoyarse contra la pared y caminó hacia él.

—¿Estás bien?

Byron soltó una risa agotada.

—Creo que ya no sé qué significa estar bien.

Giulia no preguntó nada más. Simplemente lo abrazó. Byron permaneció rígido durante un segundo antes de rodearla con los brazos y hundir el rostro contra su cabello.

—Yo lo sabía —murmuró ella y él se apartó lo suficiente para mirarla.

10 AÑOS… CAPÍTULO 39. La última mentira 1

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