10 AÑOS… CAPÍTULO 36. Un suegro aburrido
Byron y Jordan se miraron cuando el sonido de las sirenas llenó todo. Pocos instantes después aparecieron varios agentes de policía, acompañados por Jasmine y por una muy satisfecha Jasmine.
—¡Es él! ¡Ese hombre está tratando de secuestrar a mi hijo! —gritó señalando a Byron.
—¡Estoy tratando de salvarlo, ella es la que lo tiene aquí contra su voluntad! —replicó él.
—¡Mi hijo no tiene voluntad, está incapacitado! —ladró Jasmine entregándole un documento al oficial a cargo y este arrugó el ceño cuando lo leyó.
—Señor, por favor, aléjese del paciente —dijo el policía y los dos lo entendieron, podían pelear, podían gritar, pero mientras Jasmine tuviera la supuesta tutela legal de Byron, rescatarlo era ir directamente contra la ley.
Finalmente Jordan se giró hacia él con expresión gélida, mientras dos oficiales sometían a Byron y lo esposaban por traspasar propiedad privada sin permiso.
—No te resistas, no vale la pena hacerlo aquí —murmuró Jordan—. Consigue un abogado, mete una denuncia penal.
—¡Entonces él también irá a prisión! —lo amenazó Jasmine, dejando mudo a Jordan—. ¡Oficial, quiero denunciar a este hombre por allanamiento e intento de secuestro! ¡Quiero que se lo lleve preso ahora mismo!
Y Jordan lo entendió: aquella era la única forma de detener a Byron para que no interfiriera en las reuniones de la junta.
—¡Ya les dije que él no hizo nada! —gritó Jordan, pero su primo solo inclinó la cabeza mientras pasaba junto a él.
—Tienes razón, aquí no es donde hay que pelear. Resiste —fueron sus últimas palabras antes de que lo sacaran escoltado y lo metieran en la parte trasera de una patrulla.
Lo que siguió no fue agradable, porque aunque supieran que era una víbora rastrera, la viuda del apellido Blackwood tenía todavía demasiado poder como para hacerle la vida miserable a cualquiera, y Byron estuvo por horas incomunicado y encerrado hasta que no tuvieron más remedio que concederle la llamada a la que tenía derecho.
En cuanto le dieron un teléfono, marcó un número de memoria y esperó; y al tercer tono contestó una voz femenina.
“¿Sí?”
—Estoy detenido en la comisaría. Necesito que escuches sin interrumpirme.
Del otro lado se hizo un silencio, pero no obediente, sino el tipo de concentración con el que una mujer acostumbrada a actuar se prepara para eso.
—Me detuvieron por allanamiento, intento de secuestro y hasta una orden de restricción tengo ahora. Mi abogado en Emmet Perry, su teléfono es el 978 812 7534, llámalo, él tiene un fondo abierto a mis cuentas disponible para fianza. Estoy en posición de resolver mis problemas.
Por un segundo escuchó un jadeo ahogado de Giulia, porque nada le acelera más el corazón a una mujer que escuchar que el hombre con el que se acuesta está preso.
“OK, comprendo. Entonces... si lo tienes todo cubierto ¿por qué me llamas a mí?” preguntó ella y Byron cerró los ojos un instante.
—Porque solo me dieron una llamada y hay algo mucho más urgente que sacarme a mí de la cárcel. —Respiró hondo—. Dile a tu hermana que vuelva lo más pronto posible… si quiere encontrar vivo al padre de su hijo...
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos, y por un momento Giulia no dijo nada, pero para cuando volvió a despegar los labios, respondió con una calma inquietante.
“Entiendo”.
Colgó antes de que la conversación se pusiera más personal, pero no se molestó en llamar al abogado que le había dicho Byron, en lugar de eso puso sobre aviso a su hermana y luego irrumpió en el despacho de su padre como si fuera a invadir un planeta.
—Tu yerno está en la comisaría, detenido por secuestro. Ve a sacarlo —fue lo único que dijo y Alexei Orlenko frunció el ceño.
—¿A quién carajo secuestró Jordan? ¿Y por qué tengo que salvarlo yo? —vociferó su padre.


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