10 AÑOS… CAPÍTULO 35. No bajo mi guardia
“Yo me encargaré de esto. No vamos a rendirnos tan fácil. ¿de acuerdo?”
Esas eran las últimas palabras que Byron le había dirigido a Jordan antes de salir con aquel archivo y buscar a un equipo médico del que no dudara. No le pidió ayuda a Giulia, si algo estaba pasando con su primo, no quería que Katerina lo supiera todavía.
Pero dos cosas comenzaron a desesperarlo profundamente. La primera fue que el equipo médico no le dio buenas noticias, y la segunda fue que resultó imposible localizar a Jordan de nuevo.
Lo llamó con insistencia, pero el teléfono de Jordan no respondía, así que al día siguiente terminó yendo personalmente al hospital, solo para encontrarse con que su tía Jasmine no quería dejarlo entrar.
—¡No pueden impedirme verlo! —exclamó Byron, y su tía le respondió con tono firme y autoritario.
—¡No quiero que vuelvas a acercarte a mi hijo! A partir de ahora soy yo quien va a ocuparse de todas sus cosas. ¡Tú no tienes nada que hacer aquí!
—No tienes derecho a impedirme entrar —espetó Byron.
—¡Lo tengo! Jordan necesita tranquilidad.
—¡Jordan necesita saber lo que está pasando! Necesita especialistas y opciones.
—No mientras yo sea responsable de él —escupió Jasmine y Byron sintió que una alerta silenciosa despertaba dentro de él—. ¡Ahora yo soy su tutora legal, cualquier visita, cualquier comunicación, tiene que pasar por mí!
¿Tutora legal? Byron no entendía absolutamente nada, pero no iba a quedarse de brazos cruzados, así que apartó a su tía con decisión y cerró tras de sí antes de que nadie pudiera seguirlo.
Miró a Jordan durante unos segundos y abrió los brazos.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó su primo—. ¿Ya conseguiste otro especialista? ¿Tan rápido?
—Jordan… —Byron dio un paso hacia él, sintiendo un escalofrío—. Hace más de un día que no te veía. Llevo más de veinticuatro horas intentando hablar contigo… no contestabas al teléfono.
Jordan negó con la cabeza y miró alrededor buscando alguna explicación.
—Entonces... tuvieron que mantenerme sedado o dormido durante todo ese tiempo.
Byron no respondió miró el suero antes de arrancárselo del brazo sin reparar en las protestas, pero afuera volvió a escucharse la voz de Jasmine.
—¡Seguridad!
Golpes apresurados comenzaron a acercarse por el pasillo y Byron apretó los puños.
—Primero lo urgente. ¿Qué pasó con la tomografía? —preguntó Jordan y Byron permaneció inmóvil.
Por un segundo la seguridad con la que siempre enfrentaba cualquier crisis había desaparecido. Bajó lentamente la carpeta que todavía llevaba bajo el brazo y se acercó a la cama con nerviosismo.
—Pedí que las revisaran otra vez. Fui a tres hospitales… —dijo con tristeza, porque sabía que no podía mentirle.
—Byron…
—Lo siento… la tomografía confirma el diagnóstico.
Jordan lo miró como si él mismo acabara de apuñalarlo, y Byron permaneció junto a la cama con las tomografías bajo el brazo. También estaba pálido, pero se negó a permitir que el silencio terminara de destruir a su primo.
—Mírame, Jordan… este no es el final del camino. No te puedes rendir.
—No sabía que aceptar un diagnóstico era rendirse —Jordan soltó una risa seca, vacía.
—Y nadie dijo que tengas que aceptarlo todavía. Vamos a repetir la tomografía. Vamos a pedir una resonancia nueva. Voy a conseguir a los mejores neurólogos, a los mejores especialistas en que existan. Si tengo que llevarte a otro país, lo haré. Si tengo que pagar consultas privadas durante meses, también.
Jordan respiró hondo.
—¿Y si todos dicen lo mismo?
—Entonces al menos sabremos que luchamos antes de aceptar la derrota —declaró Byron con decisión.
Las manos de Jordan temblaron ligeramente sobre la sábana.
—¿Por qué no pensé en esto cuando papá vivía…?
—Porque no tenías que pensarlo, no era tu posición, y ahora tampoco, lo que tienes que pensar es que tienes un hijo en camino y tienes que criarlo, ¿entendido?
Por un segundo ninguno de los dos dijo nada. Los sentimientos se estaban desbordando y ninguno era bueno.

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