30 DÍAS… CAPÍTULO 22. Una hoja de reclamaciones
Angel se levantó lentamente, sus ojos oscuros seguían fijos en ella mientras se desabrochaba el pantalón. El sonido del metal de la cremallera al bajar rompió el silencio del cobertizo y Allison intentó enfocar la vista en él, pero su cuerpo todavía vibraba con la frustración de aquel placer que le había negado.
—¿Por qué tengo la impresión de que esto me va a doler? —Jadeo sin molestarse en disimular que apenas era capaz de enfocar.
—Porque eres inteligente, conejita —la provocó él devorando sus labios, y Allison pudo saborearse a sí misma en su boca, el sabor salado y dulce de su propia excitación.
Y antes de que ella pudiera anticiparlo, el borde superior de su vestido se rasgó con un sonido violento y delicioso. La boca de Angel volvió a bajar despacio, esta vez haciendo círculos peligrosos alrededor de sus pechos hasta que por fin uno de sus pezones cayó entre sus dientes.
Allison ni siquiera podía rescribir la sensación, o aquella mezcla de posesión y placer con que apretaba su otro pecho, como si todo le perteneciera. Ella se aferró a sus costados sin ser plenamente consciente de que lo hacía. Entonces la mano de Angel bajó entre ellos, guiando su miembro hacia la entrada de su sexo, húmedo y caliente.
—¡Maldición, estás empapada! —jadeó de gusto, metiendo un par de dedos para hacer que se estremeciera, porque el juego era mucho mejor cuando siempre la tenía al borde.
Pero en cuanto Allison sintió el roce, algo extraño la hizo retroceder.
—Hay algo... frío —dijo, confundida, tratando de concentrarse, y una sonrisa descarada se formó en los labios de Angel.
—Esa es la idea —respondió con un tono bajo y grave—. ¿Estás lista?
—Presiento que debería decir que no… pero contra todo mi buen juicio… diré que sí —susurró mientras se inclinaba hacia adelante y besaba los tatuajes que cubrían su pecho.
Las serpientes y espinas negras sobre su piel temblaron bajo sus dientes, haciendo de la respiración del hombre bajo ellos un gruñido pesado, pero antes de que pudiera continuar, Angel agarró su cabello, tirando de él con suficiente fuerza para hacerla echar la cabeza hacia atrás.
—Quiero verte —dijo, y sus ojos le parecieron dos brazas ardientes mientras la miraba desde arriba.
Allison lo sintió todo como si su cuerpo fuera extraño… o demasiado suyo. El momento en que mordió sus labios, el momento en que sonrió como una anunciación, el momento en que se hundió dentro de ella con un movimiento brusco, certero, posesivo.
—¡Angel…! —fue lo único que salió del pecho de Allison, no supo si como reclamo o como súplica.
Gimió con cada centímetro que su miembro al estiraba, con cada empujón con que la abría mucho más allá de lo que estaba acostumbrada. Y la expresión de su cara debió cambiar drásticamente porque una sonrisa de triunfo cruzó el rostro de Angel.
—¿Era esto lo que querías, conejita? —preguntó contra su boca, moviéndose lentamente dentro de ella, dejando que cada pulgada se asentara.
Allison solo podía jadear mientras lágrimas involuntarias se formaban en sus ojos y sus uñas hacían surcos en su espalda, intentando adaptarse a su tamaño. Entonces sintió algo más, un roce extraño y fuerte contra sus paredes que hizo que sus caderas se movieran instintivamente.
—¡Dios…! ¿Qué es... eso? —logró decir.
—Tus deseos son órdenes… pero vas a tener que aguantar esto, conejita.
Sus manos se aferraron a sus caderas mientras la penetraba aún más profundamente. Allison gritó contra la madera cuando él comenzó a moverse de nuevo, esta vez con una ferocidad que la dejó sin aliento. Sus manos se agarraron a los bordes de la mesa, sus nudillos blancos por la presión mientras él jadeaba contra su piel y enredaba las manos en su cabello.
—¿Tienes idea del peligro que eres así? —gruñó Angel con la voz rota por el esfuerzo mientras la penetraba sin piedad—. ¿Todavía quieres más?
Allison podía sentir el orgasmo construyéndose de nuevo, esta vez con una intensidad que asustaba. El piercing de Angel se frotaba contra su punto G con cada embestida, enviando chispas de placer por todo su cuerpo. Sus piernas comenzaron a temblar, incontrolables, y ay no quiso seguir esperando.
—¡Por favor…! ¡Estoy...! ¡Voy a…! —intentó decir, pero las palabras se perdieron en un grito cuando Angel la levantó contra él, buscó su boca y estrujó sus pechos mientras convertía aquellas últimas embestidas en una tortura.
Cuando el orgasmo la golpeó, Alllison sintió una ola de placer tan intensa que hizo que sus ojos se nublaran, un placer que pareció dilatarse infinitamente mientras él continuaba moviéndose con fuerza, disfrutando su propio, prolongando aquel momento hasta que Allison por fin se quedó en silencio, temblando en sus brazos, completamente rendida.
Ella ni siquiera supo en qué momento estaba despierta y en cuál no, solo que el calor del pecho de Angel era delicioso, y que mientras la abrazara se sentiría segura.
—¿Tienes una hoja de reclamación para este servicio? —susurró ella contra su cuello y Angel rio.
—Por supuesto, soy un empresario. Si no quedó conforme con el servicio… se lo repito.

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