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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 136

30 DÍAS... CAPÍTULO 12. Un pago justo

La frase sobre las cosas inevitables de la vida era, después de todo, bastante icónica: la muerte y los impuestos. Y Angel lo entendió en un segundo.

—¿Le está robando a hacienda?

Allison asintió.

—Este tipo mueve el dinero por tres sociedades distintas antes de hacerlo desaparecer —explicó.

Ángel comenzó a seguir con atención cada uno de los movimientos y ella tomó una hoja y empezó a señalar fechas, cantidades y transferencias.

—El dinero sale de la empresa principal. Después pasa por una segunda cuenta. Luego por una tercera. Pero eso no es lo más interesante.

—¡Sorpréndeme!

—Después de la tercera cuenta, el dinero termina repartido en cuentas a estos nombres.

Empujó la lista hacia él y Angel reconoció a la mayoría.

—Concejales —murmuró—. Alcaldes…

—¡Y analistas de la cámara de comercio! —añadió ella señalando un par de nombres.

Ángel reaccionó, comprendiendo hasta dónde llegaba la estaf@.

—Pensé que la empresa tenía un crecimiento impresionante.

—Lo que tiene es un crecimiento basado en sobornos —replicó—. Solo hay que seguir el dinero para verlo.

No era un fraude pequeño, era toda una estructura y Allison había rastreado sola la punta de la madeja.

—Eres increíble —suspiró él con admiración, pero ella no respondió.

Continuó ordenando las hojas con movimientos cada vez más lentos y él la observó unos segundos, notando el cansancio en sus ojos, sabiendo que estaba llegando al límite.

—Oye, dije que se acabó por hoy.

Durante unos segundos pareció que Allison iba a discutir, pero finalmente sonrió con resignación.

—Está bien, Angel. Ya me voy a dormir.

Él sintió una extraña punzada al escuchar su nombre. Desde que la había secuestrado había estado rezongando para que no lo llamara “conejito", y ahora lo había perdido junto con la confianza que Allison había perdido aquella noche.

Y esa distancia lo enfureció mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—¡Demonios! —exclamó y sin pensarlo demasiado, la alzó del asiento con facilidad y se la echó al hombro.

—¡Eh! —protestó Allison impactada—. ¿Qué haces?

Pero Angel no respondió. La llevó hasta el sofá y prácticamente la dejó caer sobre los cojines. Ella rebotó una vez y lo miró confundida.

—¿Qué diablos pasa contigo?

Ángel carraspeó varias veces, como si estuviera ensayando un discurso imposible… y ante los nervios fue hasta el mueble bar, sirvió un vaso de whisky y regresó para entregárselo.

—Toma. ¡Has hecho un gran trabajo! Y... reconozco que tienes derecho a una remuneración.

Allison aceptó el vaso sin apartar la vista de él.

—¿En serio?

Ángel empezó a moverse de la manera más ridícula que pudo imaginar, el problema era que desde fuera se veía bastante sexy que se quitara la camiseta.

Tenía el cuerpo realmente lleno de tatuajes, y la tinta ondulaba negra sobre su piel como una invitación.

—¿Esto era lo que querías? —preguntó Angel acercándose despacio, y sus caderas no dejaron de moverse mientras Allison alargaba la mano y rozaba sus abdominales.

—¡Maldición! Eres un pecado andante —jadeó ella, sintiendo ese latigazo de deseo imposible de ocultar, porque aquella piel caliente bajo sus manos era deliciosa.

La garganta se le secó en un segundo, pero también sintió la forma en que él se estremecía cuando sus dedos soltaron el botón del pantalón y le deslizaron la cremallera hacia abajo. No era precisamente fácil, aquella erección se prometía monstruosa y ya tiraba salvajemente del bóxer, pero eso solo hizo que los dos contuvieran la respiración.

—Quítatelo, conejito —jadeó Allison y Angel ni siquiera se molestó en ocultar la maldit@ sonrisa de satisfacción que le provocó ese nombre.

El pantalón también cayó despacio, y Allison coló un dedo en el elástico del bóxer, dudando solo un segundo antes de tirar de él.

Angel no cayó en el sofá, solo llevó aquellas manos enormes a la cintura de Allison y la llevó sobre su regazo mientras se sentaba. Escuchó el gemido bajo cuando su sexo rozó con fuerza su erección, y por un segundo sus pechos quedaron apretados contra su torso, sus muslos bajo sus manos, su calor sobre él mientras la humedad entre sus piernas amenazaba empapar cualquier tela que los separara.

—¿Esto era lo que querías? —susurró Angel sujetando su cabello para quedar muy cerca de su boca sin llegar a besarla, y Allison sintió que estaba a punto de suplicar… cuando de repente todo alrededor de ellos quedó completamente oscuro, y un segundo después un trueno restallaba sobre sus cabezas.

La música se interrumpió, la calefacción dejó de escucharse y solo quedó el sonido violento de la lluvia golpeando el techo.

Ángel soltó un suspiro de frustración.

—¡Genial! ¡Lo que faltaba! —siseó.

—Adivino… Eso es malo —murmuró Allison, sintiendo la forma en que él la dejaba de nuevo en el sofá y se levantaba.

Se escucharon varios golpes que parecían tropiezos y luego una única linterna se encendió entre los dos.

—Créeme… ¡Esto es muy malo!

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