30 DÍAS... CAPÍTULO 13. Una búsqueda arriesgada
Ángel apuntó aquella linterna hacia afuera mientras miraba resignado hacia la ventana.
—La tormenta debe haber estropeado el generador principal —murmuró—. Deja ver qué puedo hacer.
Allison observó cómo desaparecía por una puerta lateral, y poco después pegó la oreja a ella para escuchar el sonido metálico de herramientas. Luego un motor intentando arrancar. Dos veces, tres, y finalmente comenzó a funcionar con un zumbido constante.
Las luces no regresaron, pero él volvió limpiándose las manos con un trapo y cara de que no todo estaba perdido.
—Tenemos un problema —dijo y de alguna manera, Allison no pudo asustarse porque sentía que él lo tendría todo controlado. Así que de alguna retorcida manera, confiaba en él como no confiaba en nadie.
—¿Qué tan grave es?
—El generador de emergencia funciona, pero solo puede alimentar la calefacción de una habitación hasta mañana. Cuando amanezca revisaré el generador principal, pero hacerlo ahora en la oscuridad y con esta lluvia es una locura…
Allison levantó lentamente una mano, interrumpiéndolo.
—¡No se diga más! No hace falta que salgas, conejito. Prometo no acosar tu virtud hasta que vuelva la electricidad.
Ángel soltó una carcajada, pero esta vez no se quejó de su comentario.
—Gracias. Esa era exactamente mi mayor preocupación.
—Qué bueno saber entonces que tus prioridades están en orden —sonrió Allison y lo vio desaparecer unos minutos en su propia habitación antes de regresar arrastrando un colchón.
Lo cambió a la habitación de ella, que era a donde había redirigido la calefacción, y Allison lo observó divertida.
—¿Qué haces?
—Improvisando —replicó él poniendo el colchón y sus mantas junto a la cama principal mientras ella inclinaba la cabeza.
—¿Estás poniendo el colchón ahí por si te caigo encima… o porque quieres que te caiga encima?
Pero él solo le puso los ojos en blanco y soltó una mueca de resignación.
—¿Por qué siento que solo estás buscando un juguete sexual y yo soy lo único que tienes a mano? —rezongó acostándose en el colchón del suelo mientras ella se acostaba en la cama y se asomaba por el borde.
—Porque de momento me has dejado ver más tus tatuajes que tu cerebro. Cuando lo hagas, te prometo que también me enamoraré de tu radiante personalidad —bromeó Allison.
—¿Enamorarte? ¡¿Por qué me amenazas de esa forma!? Además nadie se enamora en treinta días.
—¿Treinta días? —preguntó ella fingiendo que no entendía el plazo y Angel carraspeó.
Miró por la ventana, al bosque cubierto por una neblina espesa. El calor de la taza todavía era fuerte, así que debía haber salido hacía poco… y eso le daba una ventaja inesperada.
—Ni siquiera dudes, Allison, ni siquiera dudes —se dijo a sí misma mientras se daba la vuelta y corría apresurada hacia la habitación de Angel.
No sabía exactamente qué buscaba, pero su cerebro necesitaba encontrar lo que fuera, así que la sesión de registro fue rápida pero ordenada, procurando no dejar ni una sola cosa en otro sitio después de moverla.
Revisó primero la mesita de noche, cajones, armario, y pasó saliva cuando entre la ropa, algunas herramientas y más archivos, también encontró la caja de un arma. Estaba cerrada con un código electrónico, pero no cambiaba que Angel cargaba un arma encima.
Continuó buscando con cuidado, y entonces, detrás de una caja metálica colocada al fondo del armario, encontró un teléfono móvil. No era el que Ángel utilizaba delante de ella, era otro. Y Allison lo sostuvo unos segundos entre las manos.
La pantalla se encendió y lo que sí la sorprendió fue que no tuviera contraseña. Dudó apenas un instante antes de abrir la aplicación de mensajes y vio la conversación más reciente aparecía fijada en la parte superior con una tal “Alejandra”.
“Creo que esto es peor de lo que imaginaba. Allie encontró sobornos suficientes como para alimentar a medio senado”. Había escrito él, pero del otro lado la respuesta no estaba muy enfocada en los resultados.
“¿Allie? ¿Desde cuándo la llamas Allie? ¿Ya empezaste a enamorarte?”
Allison dejó de respirar por un segundo y siguió deslizando para ver la respuesta.
“No digas babosadas. Nadie se está enamorando de nadie. Es una maniática sexual, pero eso no significa que haya superado a Oliver Crewman… Ni siquiera me creería que él fue el que la mandó aquí”.
“Entonces recuerda que esto es una alianza rara” respondía la tal Alejandra. “Y no confundas las cosas. Ella puede tener síndrome de Estocolmo… así que tú eres el que tiene treinta días para no enamorarte. No la cagues”.

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