30 DÍAS... CAPÍTULO 11. ¿Robándole a quién?
Ángel le puso los ojos en blanco, por supuesto, pero eso no lo detuvo de quitarle el resto de las prendas sucias y dejarla en ropa interior bajo la ducha.
—No necesitas besitos, porque solo quiero limpiarte. Nada más.
Ella soltó una risa débil y sarcástica.
—Pero al menos estás disfrutando la vista. ¿Verdad?
Angel pasó saliva y miró hacia abajo, donde se veía perfectamente esa curva suave de sus senos perdiéndose dentro del brasier empapado.
—La vista es… letal —admitió—. Así que mejor salgo antes de que esto se complique.
Ángel salió del baño sin decir nada más y cerró la puerta para darle privacidad. Se quedó apoyado contra la pared del pasillo mientras escuchaba el agua correr detrás de la puerta. Y se pasó ambas manos por el rostro.
No podía quitarse de la cabeza la imagen de Allison llorando desconsoladamente. Así que si antes solo quería investigar a Oliver Crewman, bueno… Allison tenía razón, ahora quería destruirlo.
Se alejó hacia su habitación y buscó entre su ropa hasta encontrar una camiseta negra y un bóxer nuevos; y los dejó cuidadosamente doblados frente a la puerta.
—Te dejé ropa.
—¿Tuya o mía?
—Mía.
—¿No quieres tocar mis brasieres? —susurró ella tratando el suavizar el ambiente.
—Más bien me pareció que oler mi bóxer podía calmarte —respondió él con el mismo descaro, pero después de unos segundos Allison volvió a escandalizar.
—¡Estos no los has usado!
—¿¡De verdad los oliste!?
—¡Me estás haciendo publicidad engañosa! —se quejó ella y Angel no dijo nada más.
Solo fue a la cocina por el botiquín y luego sacó una botella de whisky y sirvió una pequeña cantidad en un vaso.
Pocos minutos después la puerta del baño volvió a abrirse y Allison apareció con la enorme camiseta negra que prácticamente le llegaba hasta medio muslo. El cabello todavía húmedo caía sobre sus hombros. Y la camiseta le quedaba tan grande que parecía haberse perdido dentro de ella.
—Ven —le dijo y por una vez ella obedeció sin discutir—. Toma.
Allison olió el contenido del vaso y dejó escapar un suspiro.
—Esto definitivamente no es agua. ¿Whisky?
—Un poco.
Ella dio un pequeño sorbo, el líquido le quemó la garganta y tosió dos veces.
—Ahora entiendo por qué dicen que esto cura cualquier cosa.
Ángel le hizo un asentimiento leve, y antes de que ella pudiera reaccionar la levantó por la cintura y la sentó sobre la barra de la cocina para poder revisar mejor la herida.
—Déjame ver —ordenó en tono bajo, rozándole apenas el labio con el pulgar, pero hasta ese simple gesto la hizo estremecerse.
Allison levantó el rostro, Angel tomó una gasa limpia y comenzó a retirar con mucho cuidado los restos de sangre seca del labio. Cada vez que ella hacía un pequeño gesto de dolor, los dientes del hombre frente a ella chocaban como si fueran a romperse.
Angel no discutió con ella. Se limitó a vigilar el clima, porque la tormenta arreció conforme avanzaba la noche. La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la cabaña mientras el viento hacía crujir los árboles del bosque. Dentro, el único sonido constante era el de las hojas pasando una tras otra.
Ángel intentó convencerla varias veces de cenar. Preparó sopa, después un sándwich, más tarde fruta. Pero Allison rechazó todo excepto una taza de chocolate caliente, y la sostuvo entre las manos durante varios minutos antes de beber apenas unos sorbos.
—Necesitas comer algo más —insistió Angel y la vio negar sin apartar la vista de los documentos.
—No puedo.
—¡Llevas horas trabajando!
—Lo sé, pero… esto sirve, sirve mucho… y ahora mismo no quiero pensar.
Ángel comprendió que insistir no serviría de nada, así que se limitó a dejar el plato sobre la mesa por si cambiaba de opinión, y la medianoche llegó sin que ninguno de los dos pareciera darse cuenta.
Cuando el reloj marcó las doce, Ángel gruñó un regaño entre dientes y le quitó todo lo que tenía delante.
—¡Basta por hoy! —ordenó pero ella ni siquiera levantó la cabeza.
—Cinco minutos más.
—Llevas diciendo eso desde hace dos hor… —PeroAllison tomó otra carpeta y la colocó delante de él, interrumpiéndolo.
—Mira esto —pidió y Angel se sentó a su lado, observando los documentos mientras ella señalaba la primera página—. Estás viendo la constitución de tres empresas fantasma que se están usando para desviar dinero de esta empresa.
—¿Quieres decir que el dueño se está robando a sí mismo o a los demás accionistas? —preguntó Angel arrugando el ceño y Allison sonrió a pesar de su labio roto.
—Quiero decir que el duelo le está robando precisamente a quien no se le puede robar.

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