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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 133

30 DÍAS... CAPÍTULO 9. Sangre para un sacrificio

Allison no necesitó ver la pantalla, porque la manera en que él tensó la mandíbula, fue suficiente para que comprendiera quién estaba al otro lado: Oliver. Se dirigió hacia la mesa sin hacer ningún comentario y fingió ordenar los documentos que había dejado allí. Y Ángel esperó hasta que ella estuvo suficientemente lejos antes de responder.

—¿Qué quieres?

No «diga». No «señor Crewman». ¿Qué quieres?

¡Uy, Ángel estaba furioso!

“Quiero saber cómo está” respondió Oliver y solo él lo escuchó.

—Devastada. Asustada. Exactamente como querías.

“¡Genial! Entonces me gustaría ver pruebas”

Ángel apretó el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

—¿Pruebas de qué? ¿De que la estoy maltratando?

“¡Por supuesto, para eso te contraté! ¿O no?”

Ángel se quedó inmóvil y Allison vio cómo su rostro se ensombrecía más que el cielo.

—Eres un maldito enfermo —escupió él.

“Puedes juzgarme cuando dejes de cobrar mi dinero. Mientras trabajes para mí, quiero ver cómo Allison sufre. Quiero saber que cuando llegue a buscarla no voy a encontrarme a la misma mujer que te llevaste”.

Hubo unos segundos de silencio y entonces el teléfono de Ángel vibró con un mensaje. Lo separó de su oído y miró la pantalla: una factura del Lakeshore Memorial. Tratamiento pagado.

“El hospital de tu hermana ya recibió el pago. Ella puede seguir con su tratamiento mientras me des lo que quiero. Una sola foto no puede ser tan difícil, ¿verdad?”

La llamada se cortó abruptamente y Angel permaneció unos segundos con el teléfono apretado en la mano. Cuando levantó la mirada, Allison lo estaba observando, y esta vez había algo diferente en sus ojos.

—¿Ya llegó la hora de ser una secuestrada de verdad.? —preguntó ella con frialdad y Ángel frunció el ceño.

—¿Cómo sabes...?

—¿Quien te contrató fue tan drástico como para pedirte una oreja? —lo increpó ella sin llegar a responderle.

—¡Por supuesto que no! —exclamó Angel.

—Pero quiere saber qué has hecho conmigo.

Ángel no respondió, no hacía falta; y Allison sintió que la rabia empezaba a subirle por el pecho.

Había sabido desde el principio que Oliver quería quebrarla. Lo había escuchado con sus propios oídos. Sabía que había organizado aquello para convertirla en una mujer asustada que corriera hacia sus brazos cuando él apareciera como salvador. Pero saber que quería ver cómo la quebraban ya era demasiado retorcido.

—¿Qué quieres hacer? —le preguntó a Ángel y él retrocedió como si lo hubiera abofeteado, pero no se tragó la verdad

—Necesito enviar una foto.

—Eso me imaginé.

Ángel pasó una mano por su cabello.

—Podemos buscar maquillaje. Algo que haga parecer que...

—¡No voy a golpearte!

La negativa retumbó contra las paredes y ella guardó silencio mientras lo escuchaba respirar con fuerza.

—No voy a ponerte una mano encima para satisfacer a un enfermo.

—No es para satisfacerlo, es para convencerlo.

Ángel apretó los puños con impotencia y Allison sostuvo su mirada.

—Tú sabes lo que tienes que hacer para conseguir lo que quieres —dijo ella con calma—. Y yo también tengo que conseguir lo que quiero. Tú no me dirás tu parte y yo no te diré la mía, pero al realidad es simple: tú no quieres que yo salga por esa puerta, y yo no quiero salir. Así que la pregunta es: ¿cuánto crees que puedes manejar esto antes de que se te salga de las manos?

Ángel despegó los labios, pero por primera vez desde que había despertado esposada en aquella cabaña, Allison no estaba provocándolo.

—Los dos sabemos que tienes que hacer esto —dijo ella mirándolo a los ojos—. Necesitas la información que yo puedo sacar de esos documentos porque es tu seguro contra quien te paga por hacer esto. ¿No es cierto?

La mandíbula de Angel se convirtió en una línea tensa de impotencia.

—Es mucho más que eso…

—Entonces tienes que golpearme. Tú me golpeas, yo lloro, y hacemos esto lo más dramático posible. Porque si quien te contrató no queda satisfecho con una fotografía, pedirá otra. Y después otra —continuó Allison—. Cada vez peor. Cada vez más convincente. Hasta que ya no puedas fingir que no estás haciendo esto.

Él miró la blusa rasgada y la suciedad sobre su piel.

—No quiero hacerte daño.

—Entonces asegúrate de hacérmelo solo una vez —siseó Allison levantando la cara hacia la bombilla—. Hazlo bien, y asegúrate de que no te exijan más sangre de la que estás dispuesto a sacrificar.

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