Hace un pequeño puchero para después abandonar mi casa, la veo subir a su auto y solo hasta que ya no es visible cierro la puerta, recargo mi frente en esta y lanzo un hondo suspiro.
—¡Por Dios Brigitte! Nunca debí caer en la tentación de hacerte mía, ahora no sé cómo podré ver a Thomas a la cara. —Golpeo la puerta con el puño y subo hasta mi habitación.
El fin de semana pasa tan deprisa que en un abrir y cerrar de ojos ya me encuentro en el ascensor con rumbo a mi oficina, en cuanto se abren las puertas observo a Brigitte quien parece apurada con un montón de documentos por ordenar.
—¡Buenos días, Brigitte!
—¡Buenos días, Caleb! —Estoy por entrar a mi oficina cuando la chiquilla se acerca a mí, se levanta de puntitas y deja un beso voraz en mis labios—. Ahora si puedes irte a trabajar.
—Que nadie me moleste, necesito concentrarme en unos documentos. —Brigitte asiente y toma asiento en su lugar, desde donde me lanza una sonrisa coqueta.
Entro a mi oficina y comienzo a revisar las pruebas que tenemos en contra del hijo del miembro del Parlamento acusado de violación y sonrío con suficiencia.
—Al fin te tengo agarrado de las pelotas —me regocijo orgulloso del buen trabajo que he logrado a lado de Brigitte.
Observo la hora en mi computador y cuando me doy cuenta de que es casi la hora de la comida tomo el teléfono y me comunico con mi pequeña asistente.
—¡Te necesito en mi oficina ahora Brigitte! —exclamo con tono severo.
—¿Sucede algo malo Caleb? —murmura con la voz entrecortada al darse cuenta del tono de voz que acabo de usar con ella.
—A mi oficina —respondo para luego cortar la llamada, después de algunos segundos unos tímidos golpes me indican que mi pequeña asistente se encuentra del otro lado—. Pasa y cierra la puerta Brigitte —comento con indiferencia.
—¿Sucede algo malo? —vuelve a cuestionarme—. Yo estoy segura de que he revisado todos los casos y no hay ningún error.
—Sí, quiero que me expliques, ¿qué significa esto? —inquiero señalando mi escritorio.
Se acerca a paso lento y con un poco de miedo a donde le indico, una vez que se encuentra a mi lado me levanto y le señalo la gran erección que se marca en mis pantalones.
—Me puedes explicar, ¿qué significa esto Brigitte y por qué aún mantienes tus bragas puestas? —murmuro tomándola de la cintura para después sentarla sobre mi escritorio.
—¡Eres un idiota!, por un momento pensé que en verdad estabas molesto conmigo —dicho esto me da un fuerte golpe en el pecho.
—¿Dime que no te excitaste al oírme hablarte así, pequeña Brigitte?
—¡No! —me miente mordiéndose los labios y desviando su mirada.
—¿Estás segura de que, si mi mano se posa aquí, no encontraré tus bragas húmedas? —inquiero al tiempo que subo su falda hasta su cadera y para gran sorpresa mía no trae ropa interior.
—Te dije que no estarían húmedas —susurra sobre mis labios entreabiertos, enreda sus piernas en mi cadera y me acerca a ella, mientras que sus manos comienzan a desabotonar mi camisa—. En este momento me estorban tanto tu camisa como tus pantalones Caleb.
—Eso lo podemos arreglar fácilmente Brigitte. —Desabrocho mi pantalón y lo bajo junto con mi ropa interior, por su parte ella se deshace de su blusa quedando solo en un sexi sostén rojo de encaje—. Me encanta como se ve el rojo en tu piel —susurro sobre su hombro desnudo, desabrocho su sostén y dejo libres sus apetecibles senos.
La beso con desesperación, deseoso de volver a convertirnos en uno solo y únicamente me separo de ella, cuando siento como su mano toma mi miembro y lo guía a la entrada de su intimidad.
—Te necesito aquí, no puedo esperar —gimotea cuando mi dureza la llena por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos