—No Clarisse, el pequeño Dante aún está molesto por lo que le hiciste el otro día, así que ahora debes de tratar de mantener a raya tus gemidos, a menos que desees que tu padre abra esa puerta y te encuentre follando con tu nuevo abogado, todo depende de ti —murmura en mi oído, para después separarse y continuar como si nada sucediese.
—No, así está bien, Antonella, ahora esta oficina pertenece a Clarisse y deseo respetar su privacidad —comenta papá, pero sus últimas palabras me hacen pensar que sabe realmente lo que estoy haciendo en mi nueva oficina y sin poder evitarlo me siento morir de la vergüenza, sin embargo, ésta no dura mucho dado que Dante decide hacer una locura monumental.
Sale de mi interior y cuando por fin creo que hemos terminado me embiste de golpe, pellizca uno de mis pezones y suelta otra palmadita en mi intimidad arrancándome un gemido, muerdo mi puño en el último momento y le lanzo una mirada fulminante.
—¿Qué fue eso? —inquiere mi padre.
—Parecía como un animal herido, pero es imposible, aquí no hay nadie —reflexiona Antonella.
—Vámonos, tal vez Clarisse se sintió mal y decidió regresar a su departamento. —Escuchamos como sus pasos se alejan y el inconfundible sonido del ascensor al llegar al piso nos indica que por fin estamos solos de nuevo.
—¡Eres un imbécil! ¡Cómo se te ocurre continuar con mi padre allá afuera! —Golpeo a Dante e intento alejarlo nuevamente de mí.
—Te lo advertí Clarisse, te dije que el pequeño Dante estaba furioso y no me quisiste creer, así que ahí tienes las consecuencias de huir ese día, sin darle tiempo a que se despidiesen como se debía.
Baja mi pierna y me toma de los brazos hasta que me sienta, acerca su rostro hasta mis labios, por lo que lo giro de forma que no me pueda besar, pero en cuestión de segundos sus manos toman mi barbilla y me obligan a mirarlo a la cara.
—Sé que también deseas besarme Clarisse, debemos de aprovechar el tiempo que tenemos juntos en lugar de molestarnos por cosas sin sentido. —Posa sus labios en los míos, haciendo que en cuestión de segundos me olvide por completo de mi enojo, enredo mis brazos en su cuello y me dejo llevar por la pasión del momento, hasta que siento como mi cuerpo se estremece y un grito escapa de mis labios cuando un delicioso orgasmo me deja sin fuerzas.
Dante por su parte me embiste unas cuantas veces más hasta que siento como muerde mi cuello, ahogando el gruñido que estaba por escapar de su boca y en cuestión de segundos siento como su cálida semilla me llena por completo, recarga su frente contra la mía y permanecemos abrazados hasta que nuestras respiraciones se normalizan.
—¡Espera! ¡Quédate de pie, pero no bajes tu vestido! —me ordena Dante en cuanto tengo la intención de separarme de él y comenzar a asearme.
—¿Qué piensas hacer? —pregunto con temor a que vuelva a cometer alguna locura y desee follarme en el elevador o se le ocurra algo peor.
—Esta vez no es nada malo. —Lo miro dudando de su palabra, por lo que lanza un suspiro—. Te doy mi palabra de que no será nada malo. —Asiento no muy convencida, pero dándole el beneficio de la duda.
Se separa de mí y comienza a arreglar su ropa, veo como toma un poco de papel y cuando limpia mi entrepierna siento mis mejillas enrojecer.
—Puedo hacerlo sola —murmuro conteniendo un gemido cuando sus manos frotan el papel contra mi piel.
—Ahora, si te da vergüenza y hace un rato que te follaba como nunca, no escuche queja alguna —me observa detenidamente y cuando se percata de que muerdo mis labios sonríe de lado—, eres insaciable Clarisse, no entiendo que tenía tu prometido cuando termino contigo diciéndote todas esas estupideces, siendo que eres muy receptiva, ¿no lo crees? —murmura, al tiempo que sus dedos acarician mi intimidad, ante su toque mi cuerpo se estremece y sin poder evitarlo separo un poco mis piernas—. Otro día te daré toda la atención que te mereces. —Hago mala cara ante sus palabras, pero no agrego nada.
—Ya estoy limpia, Dante, ahora deseo bajar mi vestido. —Intento bajar mi vestido, pero sus manos toman las mías y me impide hacer lo que deseo.
—Aún no terminamos Clarisse —sin darme más explicaciones, se pone en cuclillas y desliza sus manos hasta el elástico de mis bragas e intenta bajarlas, por lo que cierro mis piernas de inmediato—, ¡por Dios, Clarisse! No te haré nada malo, además no es la primera vez que te quito las bragas —comenta con sorna.
—Pero esta vez es diferente.
—Deja de quejarte y haz lo que te digo, así terminaremos antes.
Sin más remedio separo mis piernas y Dante desliza mis bragas, hasta retirarlas por completo, cuando las tiene en sus manos, levanta la mirada y las guarda en su saco.
—¿Qué diantres te sucede? No puedo regresar a casa sin bragas.
—Claro que puedes, así regresaste ese día después de huir de mi departamento. —Me inclino e intento sacarle mis bragas de su bolsillo, toma mis manos y las pega a mis muslos inmovilizándome por completo—. Quieres comportarte al menos por un momento, si no lo haces te saco al pasillo, así como estás vestida y te follo sobre el escritorio de tu asistente —me amenaza con la voz ronca y por la forma en que me mira sé que no está bromeando.
—¡Eres un pervertido! —lo acuso con un leve jadeo casi imperceptible.

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