Golpeo el timón una y otra vez, mientras unas cuantas lágrimas escapan de mis ojos, observo las calles desiertas y a través de algunas ventanas puedo ver a las familias reunidas para celebrar la Navidad, la cual debería de estar celebrando con él que era mi prometido, si no fuese porque el muy bastardo rompió nuestro compromiso por medio de un mensaje devastador hace unas cuantas horas.
Aparco en un lugar un tanto oscuro, donde la única luz procede de un enorme letrero con luces neón, suelto un bufido en cuanto veo el nombre Perversione e Lussuria, pero dado que necesito un buen trago decido arriesgarme, bajo de mi auto y cuando traspaso la puerta miro a mi alrededor, el lugar no está tan lleno como imagine, por lo que podré desahogarme a gusto, sin miradas curiosas que me reconozcan o susurros venenosos tratando de averiguar qué me sucede.
—Un tequila doble, por favor —le pido al barman, éste me lanza una mirada como evaluándome y sin decir nada me tiende lo que le pido, comienzo a beber como si mi vida dependiese de ello y poco a poco mi cuerpo se siente tan relajado que comienzo a reír.
—¡Maldito cretino! ¡Es un estúpido! —exclamo apretando cada vez más fuerte mi caballito de tequila, lo llevo a mi boca y de un trago lo dejo vacío—. ¡Dame otro tequila doble! —le pido al barman arrastrando cada vez más las palabras.
El hombre se acerca y llena mi caballito, el cual de un solo trago vuelve a desaparecer en cuestión de segundos, le indico con la mano que me sirva otro y sin rechistar hace lo que le pido.
—¡Frígida! —murmuro molesta—, si yo soy frígida, él es un, ¡pene chico! —grito sobre el ruido de la música.
De un momento a otro siento como alguien posa una mano en mi hombro y una loción fresca y varonil me inunda, giro mi rostro y observo a un hombre de ojos color avellana, mirarme con una pequeña sonrisa.
—Lamento interrumpir tú, ¿cómo decirlo? Plan de desahogo, pero al ser una mujer sumamente guapa y sexi en un lugar como este no deberías de gritar ese tipo de cosas.
—Ahora resulta que no tengo libertad de expresión —le recrimino apuntándolo con mi dedo.
—No es eso —se rasca la cabeza y sin más palabras, me toma por la cintura, mientras que su otra mano la coloca sobre mi pierna desnuda—: sígueme la corriente, de lo contrario no podré ayudarte—. Estoy por darle la cachetada que se merece por aprovechado cuando una voz a nuestras espaldas nos interrumpe.
—Vaya preciosa, te aseguro que conmigo la palabra frígida y pene chico hasta se te van a olvidar. —Giro mi rostro y veo a un hombre enorme, vamos que el tipo no es feo, pero la forma lasciva en que me mira me desagrada por lo que le hago una mueca.
—Lo lamento, pero perdiste amigo, la dama se va conmigo, ¿no es cierto, hermosa?
—¿Eh? —en cuanto mi cerebro inundado de alcohol capta lo que este hombre está insinuando le doy la razón—, sí, me iré con él, ha sido el ganador.
—¡Por Dios muñeca! Este niño no te va a durar toda la noche, en cambio, conmigo tienes asegurado al menos tres orgasmos. —Esto último lo murmura en mi oído y antes de separarse sus manos dejan una asquerosa caricia sobre mis senos, con mi mano aparto la suya y le doy una pequeña cachetada.
—¡Quítame tus manos de encima, asqueroso, borracho! —El hombre, está por poner nuevamente sus manos sobre mí, cuando mi defensor se levanta de su asiento y le planta un certero golpe en la mandíbula.
—Te lo dije, la dama se va conmigo. —Saca unos billetes los cuales arroja a la barra y sin más palabras casi salimos corriendo del bar, antes de que el tipo al que golpeo nos lo impida—. ¿Cómo se te ocurre decirle algo así? —me recrimina mirando cada cierto tiempo sobre nuestros hombros.
—No le dije ninguna mentira, es un asqueroso borracho —murmuro riendo como una desquiciada y de un momento a otro mi estómago se revuelve, por lo que arrojo todo su contenido en la acera.
—¡Agg! ¡Qué asco! —expresa el hombre dando un salto hacia atrás y esquivando mis desechos.
—¡Lo lamento! —me excuso con una pequeña risilla—, nunca bebo y cuando lo hago me meto en problemas.
—Sí, bueno como sea, ¿vienes en auto?
—Así es muñeco —respondo alargando la “o”.
—Es tan difícil tratar con borrachos. ¡Dame las llaves!
—¿Estás loco? Ni te conozco, ¡Quién quita y me robas mi auto! No, señor, no, me rehúso.
—Sí, y resulta que éste desconocido acaba de salvar tu lindo trasero de ser atacado por esa bestia de allá. —Entrecierro mis ojos y lo miro mal, luego sin más corro como loca hacia donde se supone que dejé aparcado mi auto, aunque alguien me mueve el piso y si no es por las manos de ese hombre hubiese terminado dándole un lindo beso.
—¡Oye! —exclamo un tanto alarmada cuando el piso se balancea peor que hace un rato y de la nada lo observo en un ángulo un tanto extraño, cuando siento que enreda sus manos en mis piernas, comienzo a patalear—. ¡Suéltame!, no soy una niña, para que me cargues así.
—Ni de chiste te bajo, ya me di cuenta de que estás loca, será mejor que te llevé a tu casa.
—No podrás, no tienes mis llaves —murmuro mirando su lindo trasero y sin poder evitarlo lo palmeo.
—¡¿Estás loca?! ¿Por qué hiciste eso? Y para tu información las tomé junto con tu bolso —escucho como activa la alarma y mi carro suena donde quiera que se encuentre—. ¿Ese Ferrari es tuyo? —inquiere emocionado.
—Obviamente, genio —le respondo poniéndole los ojos en blanco.
—¡Por Dios! Solo te soporto, porque podré manejar ese hermoso auto, si no te dejaba tirada en la calle —dicho esto no sé cómo le hizo, pero me acomoda en el asiento del copiloto, me pone el cinturón de seguridad apretándolo como si fuese una cría, así como el seguro para que no pudiese bajar de mi propio auto.
Comienzo por pelear con el cinturón en un intento por quitármelo, pero antes de que eso suceda, él abre la puerta de su lado y sube lanzándome una mirada llena de reproche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos