Me remuevo incómodo en la cama y un gemido involuntario sale de mi garganta, intento abrir los ojos, pero estos me pesan debido al cansancio, sin embargo, comienzo a sentir una excitación terrible y cuando al fin mis ojos se abren, los hermosos ojos de Brigitte me observan con una mezcla de lujuria y picardía.
—¡Por Dios, Brigitte! —Ahogo un gemido, cuando introduce mi miembro en su boca y comienza a dar pequeñas succiones, su cabeza sube y baja sin apartar su mirada de la mía, al mismo tiempo que su pequeña mano acaricia sus senos dándose placer a sí misma, regalándome la imagen más sexi que he visto en mi vida.
—¿Lo estás disfrutando Caleb? —inquiere con un pequeño murmullo, para después recorrer con sus manos desde mis muslos hasta llegar a mis testículos y acariciarlos como toda una experta, arrancándome otro gemido más fuerte que el anterior.
—N-no te detengas.
Introduce nuevamente mi miembro en su boca y comienza a succionar como hace un rato, solo que con un poco más de presión, tomo su cabello y comienzo a subir y bajar su cabeza, cuando siento que estoy por lograr mi liberación, Brigitte se zafa de mi agarre y suelta mi miembro de la dulce agonía en la cual estaba.
—¿P-por qué te detuviste? —inquiero con la voz entrecortada.
—Así es más divertido Caleb. —Con su lengua traza pequeños círculos alrededor de mi glande.
—¿Divertido para quién? —La miro con el ceño fruncido cuando veo que una pequeña sonrisa cruza su rostro.
—Para mí, quiero que me supliques que te lleve al cielo y al infierno, como nunca nadie lo ha hecho antes.
Y justo como hace un rato comienza a torturarme lentamente, pero cuando siente que alcanzaré mi orgasmo se detiene abruptamente.
—¡Por favor, Brigitte!
—¿Por favor qué? Sé más específico Caleb.
—Esta vez no te detengas, no creo aguantar una ronda más así —le suplico.
—Tus deseos son órdenes Caleb —dicho esto profundiza cada vez más y cuando un intenso cosquilleo atraviesa mi entrepierna, derramo toda mi semilla en su húmeda cavidad, pero de forma más salvaje a cuando lo hicimos en la oficina—, ¿te gusto? —inquiere relamiéndose los labios en cuanto se incorpora y gatea hasta mi posición, para depositar un casto beso en mis labios.
—Eres malvada Brigitte, no conocía esa faceta tuya —respondo, pero antes de que la chiquilla se aleje la beso con pasión.
—Siempre hay que experimentar cosas diferentes.
Está por levantarse y dirigirse a la ducha, cuando la tomo de la cintura, lo acomodo en medio de la cama donde coloco una almohada a la altura de su pelvis dejando a la vista su lindo trasero y subo sus manos a la altura de su cabeza.
—En ese caso yo también quiero experimentar cosas diferentes Brigitte. —Me acomodo sobre su pequeño cuerpo, entrelazo nuestras manos y poco a poco la penetro con pequeños movimientos circulares, dejando escapar unos cuantos gemidos al sentir su estrechez, pero para sorpresa mía me doy cuenta de que se encuentra bastante húmeda—. Creo que no es necesario estimularte más, pequeña Brigitte —murmuro sobre su cuello desnudo donde dejo una pequeña mordida.
Sin más invitación continúo con mis movimientos, besando y mordiendo su espalda, sus hombros y su cuello, mientras su delicado cuerpo se estremece con cada una de mis embestidas.
—E-esto es maravilloso Caleb —gimotea—, creo que voy a…
—Aún no es el momento, pequeña Brigitte —la corto y detengo mis movimientos, para solo centrarme en recorrer el largo de su cuello con mi lengua.
—¿Te estás vengando? —inquiere tratando de girarse, sin embargo, se lo impido al aprisionarla con mi cuerpo.
—No Brigitte, pero debes de disfrutar al máximo, déjame consentirte —respondo iniciando nuevamente mis movimientos, arrancándole unos cuantos gemidos.
—No q-quiero que esto termine —comenta con la voz entrecortada.
—¿A qué te refieres?
—Quiero que s-siempre estemos así… —gime más alto cuando acelero un poco mis movimientos—, siento que acaricias y que al mismo tiempo mueles todo en mi interior —me confiesa con un pequeño chillido cuando muerdo su espalda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos