Entrar Via

Relatos cortos romance Capítulo 28

Me embiste unas cuantas veces más, hasta que siento que mis paredes se ciñen alrededor de su miembro, aprieto un poco más mi mano sobre éste y de un momento a otro lo ordeño por completo, dejando en mi interior todo su líquido seminal.

Baja mis piernas y lo veo buscar algo por la habitación, regresa con unas toallas con las cuales me limpia un poco, cuando estoy un poco más limpia, las bota a la basura, se sube a la cama encerrándome entre su cuerpo y el blando colchón.

—Por favor, ya no más, estoy agotada. —Le suplico cuando me besa con pasión, dejando delicadas caricias por todo mi cuerpo.

—No te preocupes, ya no lo haremos, por lo menos no hasta dentro de algunas horas, creo que si lo hacemos otra vez terminaré lastimándote, pero en cuanto amanezca me adueñaré de esa linda vagina de diferentes formas, que no podrás ni cerrar las piernas en una semana —me da un último beso y me ayuda a acomodarme en la cama, toma las mantas y las echa sobre nosotros ciñendo su brazo en mi cintura—. Descansa, te hará falta. —Besa mi hombro desnudo donde deja una pequeña mordida, para después reposar su cabeza en la almohada.

Cuando vuelvo a despertar siento un fuerte dolor de cabeza tan punzante que me lastima la tenue luz que se filtra a través de las ventanas, pero que gracias a que son un tanto oscuras no me da de lleno en la cara, observo a mi alrededor, pero no reconozco el lugar, cuando siento un brazo que me aprieta contra un cálido cuerpo y algo duro que roza contra mis glúteos, me giro un tanto asustada.

—¡Maldita sea! —murmuro por lo bajo—: ¡es un niño! —Me tapo la boca y evito gritar como histérica—. ¡Me acosté con un niño! ¿Y ahora qué hago? —Observo a mi amante y es justo decir que tiene un cuerpo de infarto digno de algún comercial de ropa interior, sacudo mi cabeza y me concentro en lo que debo de hacer.

Con mucha delicadeza, me zafo de su agarre y con gran esfuerzo me levanto de la cama, me ha dejado tan adolorida que me parece increíble aun mantenerme en pie, busco mi ropa por toda la habitación y para mi desgracia no encuentro mis bragas, me visto con lo que tengo y, cuando salgo de la habitación gracias a Dios encuentro mi bolso junto con las llaves de mi auto, una vez lista decido salir huyendo de este pequeño departamento.

En cuanto llego al ascensor suelto un suspiro de alivio, me tapo la cara y me avergüenzo de la estupidez que cometí estando ebria, al llegar a la planta baja, un hombre mayor me dedica una pequeña sonrisa un tanto cómplice a la cual respondo a medias, salgo y sin perder tiempo enciendo mi auto, ansiosa por regresar a mi pent-house y olvidarme por completo de mi joven amante.

Cuando llego tomo un relajante baño, acaricio mi cuerpo y es justo decir que mi amante tenía razón, me hizo sentir tan bien entre sus brazos que las estúpidas palabras de mi ex prometido ya no tienen sentido, cuando me arreglo y me veo nuevamente presentable decido visitar a papá.

Tomo mis cosas y manejo hasta su casa, en cuanto mi nana me abre la puerta, se abalanza sobre mí y me da un enorme abrazo.

—Mi niña, hace mucho que no te veíamos, te he extrañado.

—Yo también nana, pero he estado muy ocupada y no había tenido tiempo de venir, ¿está papá?

—Ya no nos abandones por tanto tiempo. Sí, mi niña, está en el jardín desayunando, ¿quieres desayunar con él?

—Eso sería genial nana.

—Entonces en un rato te llevo tu desayuno.

Me encamino hacia donde se encuentra papá y lanzo un hondo suspiro, no sé cómo se tomará la noticia de que termine mi compromiso con Santiago o mejor dicho él lo termino, llego al jardín y veo que mira algo con el entrecejo fruncido, me aclaro la garganta y en cuanto se percata de mi presencia guarda lo que estaba viendo y me lanza una mirada molesta.

—¡Hola, papá!

—¡Hola, Clarisse! Hace mucho que no vienes a verme, para ser exactos desde que discutí con el imbécil de Santiago —me recrimina entrecerrando sus ojos—, a todo esto, ¿dónde está el idiota ese?

—No vino c-conmigo, es más de ahora en adelante ya no vendrá a esta casa, hemos t-terminado —murmuro con la voz un poco rota.

—Por un momento pensé que había sido ese vampiro el que te dejó esa marca en el cuello —siento como mis mejillas se tornan carmesí y toco mi cuello un tanto, avergonzada—. Me alegra, desde hace años tendrían que haber terminado, te lo dije en su tiempo y te lo repito, es un imbécil. ¿Cuándo lo terminaste? —Sonríe satisfecho con esa pequeña noticia, pero sé que muy pronto se esfumará su alegría, cuando le confiese la verdad.

—Yo no termine con él, fue él quien lo hizo, ayer por la tarde. —Observo a papá, quien trata de esconder los papeles que estaba leyendo hace un rato, por lo que su actitud se me hace un tanto sospechosa, me acerco a él y le arrebato la carpeta.

—¡Dame eso, Clarisse! —me ordena poniéndose de pie, me alejo de su lado y cuando los abro las lágrimas brotan de mis ojos.

—Así que por esto termino conmigo, para anunciar su compromiso con esa ramera. —Papá me toma entre sus brazos y me da un beso en la cabeza.

—Por eso no me gustaba ese hombre, pero cada que te decía algo de él te molestabas y bueno, hoy el investigador me envió esto, ¿quieres que lo obligué a regresar contigo? —inquiere no muy seguro de sus palabras.

—No, es mejor así.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos