Entrar Via

Relatos cortos romance Capítulo 27

—¿Por q-qué a tu departamento? —inquiero un tanto asustada.

—Ahora si te asustas y no hace un rato cuando te subí al auto o cuando me diste el mejor oral de mi vida, no te haré nada que tú no desees, solo espero que no seas tan escandalosa como hace un rato o mis vecinos nos echaran en plena madrugada.

—¿Por qué nos echarían?

—Vaya que eres inocente muñeca, ¿crees que te voy a dejar escapar esta noche después de lo bien que la hemos pasado? Pues no, aprovecharé cada segundo hasta que amanezca.

Sube de su lado, enciende el motor y acelera perdiéndose entre las calles desiertas, mis ojos comienzan a cerrarse, pero los abro de golpe cuando su mano acaricia mi muslo, hasta llegar a mi centro, el cual palpita ansiosamente al sentir su toque.

—No te duermas, ya casi llegamos —me informa en un ronco susurro.

—¡Por favor, no te detengas! —le suplico retorciéndome de placer y abriendo un poco más mis piernas para darle mejor acceso.

—Ya hemos llegado. —Detiene el auto y retira su mano dejándome insatisfecha, gira su rostro y cuando se da cuenta de que lo observo un tanto molesta, una sonrisa coqueta cruza sus labios—. Adentro terminamos esto.

Desciende del auto y cuando aún no termino de desabrochar mi cinturón abre la puerta de mi lado y me ayuda a salir, me toma por la cintura de forma posesiva y entramos a un pequeño edificio.

—¡Buenas noches, don Federico! —Saluda mi acompañante al hombre que parece ser el portero del lugar, éste solo le hace una leve inclinación de cabeza y seguimos por un pequeño vestíbulo hasta llegar a lo que son los ascensores.

Subimos y una vez adentro, me empuja contra una esquina y pega sus brazos a cada lado impidiéndome escapar.

—Muero de ganas por volver a probarte —comenta recorriendo con su nariz el largo de mi cuello, levanta mi pierna hasta envolverla en su cintura y siento como su dureza se restriega contra mi intimidad, sin pensarlo dos veces enredo mi otra pierna en su cintura y comienza a subir y bajar un poco mi cuerpo frotándome contra su miembro—. ¿Lo quieres dentro de ti? —me cuestiona con la voz un poco ronca.

—S-sí.

—¿Qué tanto lo deseas? —inquiere apretando mis senos sobre mi ropa.

—Mucho, lo d-deseo mucho, por favor —le suplico mordiendo mis labios.

Las puertas se abren y sin dejar de sostenerme del trasero salimos, damos unos cuantos pasos hasta llegar a una pequeña puerta la cual abre, escucho como avienta algo y comienza a besarme con desesperación.

Mis manos comienzan a quitar su ropa, al igual que las suyas hacen lo propio con la mía, siento como chocamos con algo, pero estoy tan excitada que le restó importancia, hasta que mi espalda cae sobre algo blando, me doy cuenta de que hemos llegado hasta su habitación, termina de retirar mi vestido dejándome solo en ropa interior, me observa tan fijamente que por un instinto cubro mi cuerpo con mis manos.

—Déjame apreciarte un momento así —comenta separando mis manos de mi cuerpo.

—No me veas de esa forma —le pido un tanto avergonzada.

—¿Por qué no? Solo estoy apreciando como se ve por última vez esa linda lencería sobre tu anatomía, porque en cuanto la retire no la volverás a usar en lo que resta de la noche.

Y sin más preámbulos se abalanza sobre mí, dejando un rastro de besos por todo mi cuerpo sin cumplir su palabra de retirar mi lencería, yo por mi parte logró despojarlo de unas cuantas prendas y mi respiración se corta cuando veo el perfecto abdomen que posee este hombre, paseo mis manos por él hasta que éste me detiene.

—¿Te gusta?

—Sí, eres perfecto —susurro mordiendo mis labios.

—No sé si sea perfecto, pero me halaga que pienses eso, aunque tú no te quedas atrás. —Toma mi mano y me levanta de la cama hasta llevarme frente a un pequeño tocador.

—¿Vives con alguna mujer? —inquiero con el entrecejo fruncido, al percatarme que casi toda la decoración tiene toques femeninos.

—No, este departamento era de mi hermana, pero ahora que se casó, me lo dejó a mí. ¿Qué ves ahí? —Señala con un dedo y veo nuestro reflejo en el espejo del mueble.

—A una mujer frígida —respondo al recordar las palabras de mi ex prometido.

—No me gusta contradecirte, pero te equivocas, yo lo que veo es a una mujer a punto de disfrutar su sexualidad —dicho esto retira mi sostén dejando desnudos mis senos.

Observo como sus labios trazan un delicado sendero por toda mi espalda y debido a su pequeña barba me provoca un poco de cosquillas, cuando llega hasta mis caderas me lanza una mirada desde su reflejo y sin más retira mis bragas, dejando una pequeña mordida en mis glúteos.

Se levanta y cuando vuelve a tomar su lugar, toma mis manos, una de ellas la lleva hasta mis senos, los cuales aprieta ligeramente con ayuda de su mano, mientras que la otra la baja hasta mi intimidad, donde junto con sus dedos empieza a trazar pequeños círculos, sin poder evitarlo mi cadera se comienza a mover esperando algo más que solo unas cuantas caricias.

—¿Lo ves? Eres muy receptiva, simplemente has estado todo este tiempo con el hombre equivocado.

Desliza un poco nuestros dedos y los introduce en mi húmeda cavidad, alternando la velocidad de sus movimientos, cuando siento que mis terminales nerviosas se anidan en mi vientre, intento sostenerme de algo, sin embargo, sus manos no sueltan las mías, por lo que lanzo un grito cuando un delicioso orgasmo me deja con las piernas temblorosas.

Me da la vuelta y me sienta sobre el mueble, cierro los ojos intentando controlar mi respiración, pero escucho que rebusca en uno de los cajones y cuando enfoco mi mirada en lo que hace me percato de que se ha colocado un condón.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos